"Observando otras crisis de deuda a lo largo de la
Historia, ¿qué características comunes encontráis en ellas? ¿Qué
lecciones podemos extraer? (...)
Pero diría que hay tres lecciones que no debiéramos perder de vista.
La primera, que siempre que hay una crisis de deuda, es decir, que hay
una situación de insolvencia o incapacidad de pago, termina por
habilitarse algún tipo de impago. (...)
La segunda: la forma concreta que toma ese impago
determina resultados completamente diversos. En ocasiones la parte
acreedora consigue minimizar el impago retrasándolo todo lo posible, a
costa de deteriorar las condiciones de vida más básicas del deudor; o
consigue unas contrapartidas que claramente compensan el impago asumido
(privatizaciones, reformas, nueva deuda, etc.).
Otras veces, la parte
deudora es capaz de conseguir una renegociación más o menos equitativa
de la deuda, en la cual la responsabilidad de la crisis se asume
también, aunque sea parcialmente, por la parte acreedora.
La tercera lección es que el resultado concreto de una crisis de deuda,
o dicho de otro modo, cómo se reparte la pérdida que de forma
inevitable va ligada al quebranto o impago, depende de la correlación de
fuerzas entre ambas partes. Es decir, en última instancia es un
problema político.
Pensemos por ejemplo en dos crisis de deuda que se
han saldado con impagos muy relevantes: la deuda alemana tras la Segunda
Guerra Mundial y la deuda iraquí una vez que EEUU se hace con el
control del país. Aunque la cuestión del pago o el impago se nos
presente como un asunto técnico lo cierto es que es eminentemente
político.
Entre las crisis de deuda recientes de
otros países, ¿cuál sería el caso más similar al español? ¿Y cuál el
mejor espejo en que mirarnos?
Ninguno nos sirve
para extrapolar de forma directa y completa, y hay que tener cuidado de
no idealizarlas, pero sí podemos extraer “pistas” en algunos aspectos
concretos.
Por ejemplo, la crisis financiera sueca de
principios de los noventa o la más reciente de Islandia nos ilustran
cómo, incluso ante un sector bancario técnicamente quebrado y ante la
necesidad de inyectar recursos públicos, es posible diseñar fórmulas que
minimicen el coste para los contribuyentes, carguen gran parte del
coste y la responsabilidad sobre los grandes accionistas y gerentes, y
traten de evitar la repetición de los mismos episodios en el futuro.
Por otra parte de nuevo el caso de Islandia, o el de la gestión del
gobierno de Roosevelt durante la Gran Depresión estadounidense, nos
muestra cómo ante el estallido de una burbuja inmobiliaria que arrastra
tanto al sector financiero como a una gran cantidad de familias
afectadas por la crisis y que no pueden hacer frente a sus hipotecas,
hay alternativas que permiten sanear entidades bancarias priorizando el
“rescate” de las familias.
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