"Dicho todo
esto, salir de nuestra horrorosa unión monetaria no nos devolverá, ni siquiera
a largo plazo, adonde habríamos estado si en principio nos hubiéramos quedado
fuera. Una vez dentro, puede que la huida empuje a nuestras tambaleantes
economías por un escarpado acantilado. Sobre todo si se hace
descoordinadamente, país por país.
La razón de ello es de lo más sencilla. A
diferencia de Argentina en 2002 o Gran Bretaña en 1931, salir de la eurozona no
es sólo cuestión de romper el ajuste entre nuestra propia moneda y otra
extranjera. No tenemos una moneda con la que desacoplarnos.
Dicho de otro modo,
tendríamos que crear una moneda (una tarea que lleva como mínimo de 8 a 10
meses completar) con el fin de desacoplarla o devaluarla. Ese retraso de 8 a 10
meses entre el anuncio de una devaluación y su efectivo cumplimiento bastarían
para devolver nuestras economías a la Edad de Piedra.
Por supuesto, nada de esto significa que
la periferia europea deba sufrir en silencio los daños causados por una
eurozona insostenible y misántropa. Nuestros gobiernos pueden ejercer sus
poderes de veto legales en la próxima cumbre de la Unión Europea o en las
reuniones del Eurogrupo.
Y exigir que medidas políticas como las que hemos
propuesto en nuestra Modesta Proposición, se discutan en serio y tengan la
oportunidad de reconfigurar la eurozona de manera que la hagan sostenible.
El Wall Street Journal publicó esta
semana las informaciones (hasta ahora) no divulgadas de las declaraciones
de los miembros de la junta durante la reunión del 10 de mayo de 2010, que dio
paso al rescate de Grecia. Muchos habían predicho su insostenibilidad, que
habría permitido únicamente a bancos y acreedores privados recuperar sus
inversiones y empeorado la situación socioeconómica del país, sin mejorar, por
ende, la tendencia del ratio deuda/PIB. Desde luego, todas las previsiones
acertaron. A la luz de estas revelaciones, ¿qué opinión tiene del
comportamiento de la troika en su país después de tres años de trabajo?
Pasará a la historia como la
infame Alianza Impía de la Irracionalidad y la Crueldad. Representantes de organizaciones
que sabían perfectamente bien que las medidas políticas que estaban imponiendo
fracasarían de acuerdo con los criterios que ellos mismos habían establecido
llevaron a cabo sus “órdenes” sin escrúpulos, sin orden ni concierto y de un
modo que recuerda la banalidad del mal de Hannah Arendt.
Su motivo ulterior,
que se esconde tras una retórica de ‘salvar’ a nuestros países, no era otra que
desplazar las pérdidas de los libros de contabilidad del Deutsche Bank et al
sobre los hombros de los contribuyentes más débiles de Europa (incluyendo a
quienes en Alemania están sufriendo una severa limitación del valor real de sus
salarios). (...)" ('La crisis del euro, una modesta proposición, el Waterloo de la socialdemocracia y la amenaza del fascismo'. Entrevista
Yanis Varoufakis, Sin permiso, 20/10/2013)
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