"Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), ha pronunciado la palabra maldita: deflación.
Es el nuevo fantasma que recorre el mundo desarrollado.
Es la primera vez que de forma tan
clara y sin ambages, el FMI alza la voz. Detrás de los bastidores se
advierten los esfuerzos del economista jefe del FMI urgiendo a la
directora gerente. De francés a francesa. De Olivier Blanchard a
Christine Lagarde. La deflación -que no desinflación- puede bloquear la
débil recuperación mundial. (...)
¡Es la deflación, estúpido!
Lagarde dice: "Con una inflación que
discurre por debajo de los objetivos de muchos bancos centrales
[¡atención especial a Mario Draghi, presidente del Banco Central
Europeo!] vemos [sí, Blanchard lo ha conseguido, la directora lo ha
dicho] crecientes riesgos de deflación, lo que puede ser desastroso para
la recuperación. Si la inflación es el genio entonces la deflación es
el ogro que debe ser combatido decisivamente".
La directora gerente del FMI no habla
de desinflación, no. Está invocando el fantasma que ha transformado
durante más de 15 años a la economía de Japón en una economía zombie,
una economía estancada, que a día de todavía hoy tiene dificultades para
levantar cabeza a pesar de los cuantiosos estímulos monetarios y
fiscales.
Según Lagarde, "los bancos centrales
deben volver a políticas monetarias más convencionales solo cuando el
crecimiento robusto se encuentre firmemente enraizado".
No se puede quitar las muletas. La economía asistida debe mantenerse.
Ignoro si Lagarde se lo dijo a Mariano Rajoy, que la ha visitado a comienzos de esta semana en Washington.
España, precisamente, ha registrado una
inflación del 0,3% en 2013 con una tasa de paro cercana al 26%. Y lo
que pasa en España es coherente con la evolución de la Eurozona. La
inflación del mes de diciembre ha sido de una tasa interanual del 0,8%
(contra un objetivo en torno, aunque por debajo, del 2% anual) con una
tasa de desempleo del 12,1%.
Pero la ilustración de las presiones deflacionistas
(no hablamos de la clásica definición de deflación como caída del nivel
general de precios de bienes y servicios, ni de una deflación en la
Eurozona en términos agregados, es decir, del conjunto de los países del
euro) la ha dado la economía alemana, cuyo dato de crecimiento se ha
dado a conocer en las últimas horas.
La economía más poderosa y boyante de
la Eurozona y una de las principales del mundo desarrollado ha
registrado un crecimiento del 0,4% en 2013, contra un 0,7% en 2012. (...)
El aldabonazo de Lagarde es importante.
Va dirigido a que la Reserva Federal, el Banco de Japón y el Banco de
Inglaterra, mantengan y en algún caso, como el nipón, incrementen, los
estímulos monetarios (compra de bonos públicos y privados).
Y que el BCE se incorpore de una vez
por todas a la batalla a través, por ejemplo, del estímulo de "préstamos
específicos" con exigencias de garantías de menor nivel de solvencia
para superar la fragmentación financiera que sigue sin resolver el
problema que Draghi admitió durante la crisis y amenaza de
desintegración del euro, en julio de 2012.
El panorama español, según Moody's
Precisamente, ayer Moody's Analytics,
el servicio de estudios de la agencia de rating norteamericana Moody's,
apuntaba, en un informe de coyuntura sobre España, el tema de la
deflación.
"Un indicador clave de presión de la
demanda sugiere que España atraviesa un periodo de deflación suave
similar a la que padeció entre marzo y octubre de 2009. El PIB de España
es menor a su capacidad productiva potencial. La Comisión Europea, la
OCDE y el Fondo Monetario Internacional esperan que este diferencial de
producción [output gap] seguirá siendo negativo en 2014, lo que implica
que el índice de precios al consumo probablemente fluctúe alrededor de
cero", señala.
El informe recuerda que "en noviembre el IPC sufrió una contracción interanual por primera vez en cuatro años".
Y añade: "Una
deflación prolongada impediría que la recuperación gane terreno. Los
hogares y las empresas tendrían dificultades para pagar sus préstamos
actuales, impulsándoles a reducir o posponer el gasto. Del mismo modo,
la deflación haría más difícil que el Gobierno pueda reducir su deuda,
incrementando las presiones para reestructurarla y/o austeridad fiscal.
España, con elevados niveles de deuda pública, es particularmente
vulnerable".
Para la agencia, "si la recuperación
económica es demasiado débil para prevenir un periodo de deflación
prolongada, el país puede sufrir una círculo vicioso en el que precios a
la baja lleva a las empresas a recortar la producción, añadiendo
presión para reducir los salarios y la demanda, alimentando nuevas
caídas de precios". (...)
En el ambiente de economía "feliz" y "euforia" que se vive en el
Gobierno español, la advertencia del FMI sobre el peligro de deflación
que amenaza a la débil recuperación mundial y los comentarios del
servicio de estudios de Moody´s, deberían ser motivos de reflexión." (Ernesto Ekaizer, 15/01/2014)
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