20.1.14

Hollande ha hablado de sus planes para cambiar el rumbo de Francia; y es difícil no tener una sensación de desesperación

"No he prestado mucha atención a François Hollande, el presidente de Francia, desde que quedó claro que no iba a romper con la destructiva ortodoxia política de Europa, centrada en la austeridad. Pero ahora ha hecho algo verdaderamente escandaloso. (...9

Se podría decir que estar peor que en la época de la Gran Depresión es una hazaña extraordinaria. ¿Cómo lo han conseguido los europeos? (...)

En este contexto deprimido y deprimente, a Francia no le ha ido especialmente mal. Obviamente, se ha quedado rezagada respecto a Alemania, a la que ha mantenido a flote el formidable sector de las exportaciones. 

Pero los resultados franceses han sido mejores que los de otros países europeos. Y no me refiero solo a los países que han sufrido la crisis de la deuda. El crecimiento francés ha superado al de pilares de la ortodoxia como Finlandia y Holanda.

Es cierto que los últimos datos muestran que Francia no comparte el repunte generalizado de Europa. La mayoría de los observadores, entre ellos el Fondo Monetario Internacional (FMI), atribuyen en gran medida esta reciente debilidad a las políticas de austeridad. Pero ahora, Hollande ha hablado con claridad de sus planes para cambiar el rumbo de Francia; y es difícil no tener una sensación de desesperación.

Porque Hollande, al hacer pública su intención de reducir los impuestos a las empresas y al tiempo recortar el gasto (sin especificar cuál) para compensar ese coste, declaraba: “Es en la oferta donde tenemos que centrarnos”. Y, además, añadía que “en realidad, la oferta genera demanda”.

Pues sí que estamos bien. Eso es una repetición, casi literal, de una falacia desmentida hace mucho y conocida como ley de Say: la afirmación de que no es posible que haya caídas generalizadas de la demanda, porque la gente tiene que gastar sus ingresos en algo. Esto, sencillamente, no es verdad, y es especialmente incierto en la práctica a principios de 2014.

 Todos los hechos demuestran que Francia está inundada de recursos productivos, tanto mano de obra como capital, que no se están utilizando porque la demanda es insuficiente. Como prueba, no hay más que fijarse en la inflación, que está bajando rápidamente. De hecho, tanto Francia como Europa en general se están acercando peligrosamente a una deflación similar a la japonesa.

¿Y qué importancia tiene el hecho de que, precisamente en este momento, Hollande haya adoptado esta desacreditada doctrina?

Como he dicho, es un indicio de la mala fortuna del centro-izquierda. Durante cuatro años, Europa ha sido presa de la fiebre de la austeridad, con consecuencias desastrosas casi siempre; resulta revelador que la ligera recuperación actual sea recibida como si fuese un triunfo político.

 Dado el sufrimiento que han infligido estas políticas, uno habría esperado que los políticos de izquierdas exigiesen enérgicamente un cambio de rumbo. Pero en todos los rincones de Europa, el centro-izquierda solo ha ofrecido, como mucho, críticas desganadas (por ejemplo, en Reino Unido), y a menudo no ha hecho más que achantarse sumisamente.

Cuando Hollande se convirtió en líder de la segunda economía más importante de la eurozona, algunos esperábamos que plantara cara. En lugar de eso, cayó en la sumisión imperante, una sumisión que ahora se ha convertido en descalabro intelectual. Y la segunda depresión de Europa no termina nunca."                  ('Escándalo en Francia', de Paul Krugman en Negocios de El País, en Caffe Reggio, 19/01/2014)

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