"Los
economistas franceses Jean Paul Fitoussi y Xavier Timbeau afirmaban
hace poco en un artículo que la bajada de salarios que se ha producido
en España no se ha visto nunca en los tiempos modernos en un país
desarrollado (What Does A Social Europe Look Like Today?)
No es ninguna exageración sino una realidad que ha sido provocada
básicamente por dos factores: la reducción deliberada en los salarios
(sobre todo por la vía de bajar los sueldos de los empleados públicos) y
el desempleo, porque a medida que ha subido los trabajadores han ido
aceptando salarios más bajos.
Gracias a esa bajada espectacular de
salarios se ha podido eliminar, en un plazo también récord, el gran
déficit exterior que tenía España. Por un lado, gracias a que el menor
poder de compra ha reducido las importaciones. Por otro, porque con
salarios mucho más bajos un gran número de empresas han reorientado
rápidamente su producción hacia el exterior y han aumentado las
exportaciones.
No cabe duda de que la práctica eliminación del déficit exterior es
una buena noticia porque los niveles en los que estaba eran realmente
insostenibles. Pero deducir de ello, como quieren hacer creer el
gobierno y los analistas que lo secundan, que España es ahora mucho más
competitiva y que va a convertirse en la nueva China de Europa es muy
precipitado y creo que un gran error de apreciación. (...)
Teniendo en cuenta que casi el 80% de las exportaciones europeas las realizan
los países europeos entre ellos (y que las españoles hacia fuera de
Europa están bajando), la reducción generalizada de salarios en la Unión
solo se puede traducir en una deflación generalizada, es decir, en
caídas de precios y de la actividad asociadas a niveles generales de
desempleo más elevados, aunque algunos sectores puntuales registren
mejores resultados concretos.
Por otro lado, la caída de los salarios va a aumentar la deuda
familiar real, lo que no solo va a empeorar el consumo y la situación
bancaria sino que presionará sobre los gobiernos, haciendo que aumente
también la deuda pública.
La mejoría de las empresas que de momento se han volcado en las
exportaciones es palpable y ahí radica el espejismo que se quiere
utilizar para decir que estamos saliendo de la crisis. Pero esta mejoría
se traduce simplemente en un incremento extraordinario de los
beneficios después de impuestos y en el reparto de dividendos.
Estos han
crecido sin parar, multiplicándose casi por cuatro desde 2008, pero no
sucede lo mismo con el empleo en la industria (que ha caído más de 30
puntos porcentuales desde 2002), ni con la inversión, que prácticamente
se mantiene estable, y ni siquiera con la producción industrial, que
también ha bajado algo más del 30% desde 2008. (...)
Es
cierto que en España se ha liberado gran cantidad de mano de obra
procedente de la construcción y que los salarios han bajado mucho pero
para que una economía como la nuestra se convirtiese en una China
europea no basta con eso. También sería imprescindible que otros países
europeos dejaran de competir y no siguieran la misma senda
deflacionista de salarios, algo improbable porque es la que interesa a
las grandes corporaciones que imponen la política europea.
Y además de
ello sería preciso modificar profundamente el modelo productivo español y
no solo dejarlo caer, como hace el gobierno cuando se desentiende de la
formación, de la investigación y de la inversión pública que incrementa
la productividad. Incluso hasta para imponer un modelo empobrecedor
basado en salarios de miseria hacen falta nuevas tecnologías, nuevas
redes, capital financiero e infraestructuras pensadas de forma diferente
a como se han diseñado en los últimos años. (...)
La alternativa de la chinización es
económicamente inviable y solo se puede traducir en una mejora
selectiva, de un segmento muy reducido de empresas, pero nunca en la de
la economía en su conjunto.
La alternativa para España está clara: o se impone una estrategia
cooperativa y social en Europa o hay que salir de la unión monetaria sin
remedio, porque en su seno, tal y como está diseñada, es materialmente
imposible evitar la senda deflacionista y empobrecedora que ya ha
empezado a darse.
Y en la que van a seguir insistiendo cada vez con más
fuerza porque, como estamos viendo, en ella se siente muy cómodo el
capital más parasitario, que es al que defiende y representa la derecha
española." (Juan Torres López, 16/12/2013)
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