"(...) La reforma laboral es una herramienta para la devaluación salarial.
El objetivo real, aunque solo parcialmente reconocido, es el de bajar el
coste del factor trabajo para las empresas.
Para ello, la reforma
introduce un grave desequilibrio en las relaciones laborales en favor de
una de las partes y, sobre todo, introduce cambios en la negociación
colectiva para dotar de instrumentos tanto legales como de presión a los
empresarios para conseguir ese objetivo.
Esta devaluación
salarial ha mejorado los márgenes empresariales, pero, al mismo tiempo,
ha provocado una enorme caída de la demanda interna y, por lo tanto, de
la cifra de negocio de las empresas, especialmente de la gran mayoría de
las pequeñas y medianas empresas que tienen como único destino el
mercado interior y cuyas más dramáticas consecuencias están en el
empleo.
Lo que han ganado con la devaluación salarial de sus
empleados lo han perdido con menores ventas debido a la pérdida
generalizada de poder adquisitivo de los salarios.
La razón es
evidente: los salarios son la principal fuente de ingresos de la mayoría
de la población, ya que en España, de cada 100 personas ocupadas, 83
trabajan por cuenta ajena.
En el 46% de los hogares, el principal
origen de renta es la retribución salarial y en el 41%, las prestaciones
públicas, la mayoría de las cuales también provienen del trabajo por
cuenta ajena. Menos del 2% tienen como fuente de ingresos las rentas de
la propiedad y del capital.
La destrucción de empleo y la pérdida
de poder adquisitivo de salarios, pensiones, prestaciones por desempleo y
otras transferencias sociales suponen una caída en los ingresos que se
traduce en una reducción al 10% en el consumo de los hogares.
Durante
este periodo, y hay que subrayarlo, se está produciendo un incremento
del volumen de personas que teniendo trabajo se sitúan por debajo del
umbral de la pobreza.
En definitiva, las reformas laborales han
incidido en el estado lamentable en el que están las cosas, generando
una quiebra en materia de derechos. A la vez, no han contribuido a
reducir la tasa de desempleo; más bien al contrario, ha acelerado su
destrucción. (...)
Convertir el despido en algo socialmente irrelevante, desde el concepto
ideológico más neoliberal de “depreciación del valor del trabajo”, en el
fondo es el objetivo." (Más desempleo y mayor precariedad laboral, de Rodolfo Benito Valenciano en El País, en Caffe Reggio, 13/02/2014)
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