"(...) La salida de la crisis puede ser más bien
en forma de sierra, con subidas y bajadas. Los principales riesgos
derivan de la inestabilidad de la economía global, ante la previsible
caída de economías emergentes como Brasil; la situación inestable de la
zona euro; un sistema financiero todavía en fase de saneamiento, que
dificulta la concesión de crédito; una creciente deuda pública que
llegará al 100% del PIB en 2014 y que compromete unos elevados gastos
financieros; y un aumento de la pobreza y las desigualdades, que
condicionan un posible crecimiento sólido y estable.
Vemos ejemplos de
países latinoamericanos, donde subsisten grandes desigualdades, que no
terminan de consolidar su situación de crecimiento.
España es el país de la Unión Europea
donde más han aumentado las diferencias de renta entre los ciudadanos
desde que se inició la crisis económica. (...)
En la realidad, ni la destrucción de
rentas y de riqueza ha sido equitativa entre las clases sociales ni
mucho menos ha dado lugar a que la creatividad de los más ricos se
movilice para que los demás mejorasen sus posiciones.
En segundo lugar, serán necesarios muchos
años para lograr la recuperación, porque la sociedad española está
devastada después de casi seis años de crisis económica y una gestión de
la misma muy deficiente.
La situación a la que se ha llegado es tan
negativa que las mejoras de algunos datos macroeconómicos tienen unos
efectos prácticamente insignificantes sobre las expectativas, y lo que
es más importante, sobre la vida de los ciudadanos.
Así, aunque se
puedan generar como mucho 150.000 nuevos trabajos (en su mayor parte a
tiempo parcial) al año creciendo al 1%, para reducir la cifra actual de 6
millones de parados hacen falta muchos años. Y hasta que no se reduzca
esta insoportable cifra de paro, no podremos decir que hayamos llegado
al final del túnel. (...)
En 2014 asistiremos a la disparidad de cómo se vive la salida de la
crisis, entre grandes empresas cotizadas, Pymes y ciudadanos. (...)
Sin embargo, las Pymes, en general,
posicionadas en el mercado interno, todavía fuertemente endeudadas y
dependientes del crédito bancario y de los créditos de provisión, siguen
padeciendo restricciones crediticias y costes de la financiación
sobreelevados, por primas de riesgo muy superiores a su posición
objetiva de liquidez y solvencia.
Las Pymes son pesimistas ante la
situación económica y sus expectativas empeoran respecto a las
manifestadas en 2011. Más del 40% de Pymes y autónomos datan su
recuperación de la crisis no antes de 2015. Entre las causas de su
pesimismo destacan: la falta de financiación, la carencia de
expectativas favorables sobre su principal mercado (interior), la
reducida inversión en I+D, la baja productividad laboral (auspiciada por
una muy baja capitalización) y la falta de formación.
El que mejoren los datos bursátiles y
crezcan los beneficios empresariales, no implica que estén mejorando las
condiciones de vida de los ciudadanos. (...)
La sociedad española muestra su preocupación e indignación, lógicas, con
la solución que se ha dado a esta crisis, que va a entrar ya en su
séptimo año.(...)
Los sacrificios por la crisis no están siendo compartidos. Son los
trabajadores los que están sufriendo la llamada eufemísticamente
“devaluación interna” -esto es, reducción de salarios y recortes de
derechos-, que ha acentuado la desigualdad salarial y siempre en
perjuicio de los salarios más bajos. (...)
Este proceso de empobrecimiento real de los trabajadores incide en el
comportamiento del consumo y con éste de la demanda interna. De ahí la
conveniencia de subir salarios, y retomar la vigencia de convenios
colectivos, no sólo por justicia social, sino para favorecer el consumo;
ya que la salida de la crisis no será solo gracias al buen
comportamiento del sector exterior. (...)" (Mónica Melle Hernández, Economistas frente a la crisis, 24/02/2014)
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