5.2.14

La religion de la deuda es un culto cuyo crecimiento requiere “pecadores” y “culpables”.

"(...) Que nadie se llame a engaño: la colosal deuda pública y privada no es un simple lastre que el tiempo acabará enjugando, ya que compromete el futuro de la sociedad civil en su conjunto, amén de las biografías de las personas. Es la propia subjetividad de estas, su ‘identidad’ la que se ve así sojuzgada por dentro. (...)

En los años treinta del pasado siglo, Walter Benjamin advirtió una “ambigüedad demoníaca” en la extensión de la deuda, ya que el capitalismo actúa como un culto religioso cuyo crecimiento requiere “pecadores” y “culpables”. 

Mutada en religión de sustitución que ocupa el altar desertado por las deidades de antaño, la adoración al dinero —postmoderno becerro de oro— conlleva la sacralización del beneficio y la demonización de los sacrílegos endeudados.

 La sociedad civil de Occidente supuso hasta hace no mucho, imbuida de cándido optimismo, que la servidumbre y la esclavitud habían sido superadas para siempre por el progreso material y moral de la Humanidad, presuntamente irreversible.

 Pero ahora está descubriendo que el endeudamiento público y privado ahoga a los sujetos; que les arrebata la soberanía sobre su ser y actuar, es decir, su tiempo y espacio propios; y que les impide, en suma, ejercer como auténticos ciudadanos.

 Prácticamente insoslayables a pesar de su merecida infamia, las entidades financieras que tan metódicamente han esquilmado a millones de personas —sea a través del fraude directo, sea endeudándolas a fondo perdido— siguen especulando a costa de su confianza y su miedo, transformadas en contemporáneos templos de fe y expiación. Y entre tanto, carente de verdaderos horizontes de libertad, igualdad y fraternidad a los que dirigirse, la despojada ciudadanía trata en vano de hallar redención en medio del pandemonio.

 Una nutrida porción de ella, manoteando en pos de espejismos patrióticos, sueña encontrar en la “cadena per la independència i la llibertat” el ensalmo de una redención definitiva que no llegará, sin embargo, mientras las cadenas del individualismo y la insolidaridad, del hiperconsumo y la deuda sigan condenándola a la dependencia más cruda."                 ( / , El país, 25 ENE 2014)

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