"(...) Que nadie se llame a engaño: la colosal deuda pública y privada no es un
simple lastre que el tiempo acabará enjugando, ya que compromete el
futuro de la sociedad civil en su conjunto, amén de las biografías de
las personas. Es la propia subjetividad de estas, su ‘identidad’ la que
se ve así sojuzgada por dentro. (...)
En los años treinta del pasado siglo, Walter Benjamin advirtió una
“ambigüedad demoníaca” en la extensión de la deuda, ya que el
capitalismo actúa como un culto religioso cuyo crecimiento requiere
“pecadores” y “culpables”.
Mutada en religión de sustitución que ocupa
el altar desertado por las deidades de antaño, la adoración al dinero
—postmoderno becerro de oro— conlleva la sacralización del beneficio y
la demonización de los sacrílegos endeudados.
La sociedad civil de
Occidente supuso hasta hace no mucho, imbuida de cándido optimismo, que
la servidumbre y la esclavitud habían sido superadas para siempre por el
progreso material y moral de la Humanidad, presuntamente irreversible.
Pero ahora está descubriendo que el endeudamiento público y privado
ahoga a los sujetos; que les arrebata la soberanía sobre su ser y
actuar, es decir, su tiempo y espacio propios; y que les impide, en
suma, ejercer como auténticos ciudadanos.
Prácticamente insoslayables a pesar de su merecida infamia, las
entidades financieras que tan metódicamente han esquilmado a millones de
personas —sea a través del fraude directo, sea endeudándolas a fondo
perdido— siguen especulando a costa de su confianza y su miedo,
transformadas en contemporáneos templos de fe y expiación. Y entre
tanto, carente de verdaderos horizontes de libertad, igualdad y
fraternidad a los que dirigirse, la despojada ciudadanía trata en vano
de hallar redención en medio del pandemonio.
Una nutrida porción de
ella, manoteando en pos de espejismos patrióticos, sueña encontrar en la
“cadena per la independència i la llibertat” el ensalmo de una
redención definitiva que no llegará, sin embargo, mientras las cadenas
del individualismo y la insolidaridad, del hiperconsumo y la deuda sigan
condenándola a la dependencia más cruda." (
Lluís Duch /
Albert Chillón
, El país, 25 ENE 2014)
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