25.2.14

La retórica de la austeridad considera un éxito que la periferia recupere el equilibrio macroeconómico a costa de desequilibrar profundamente las condiciones sociales de buena parte de la ciudadanía

"(...) En una nueva versión del dicho “se sufre pero se aprende”, enfoque que tan famoso hizo al doctor infantil Eduard Estivill, la retórica de la austeridad considera un éxito que las economías periféricas hayan recuperado sus equilibrios macroeconómicos básicos a costa de desequilibrar profundamente las condiciones sociales de buena parte de la ciudadanía. No es la primera vez que escuchamos este mensaje. 

En América Latina y África, donde los programas de Ajuste Estructural del FMI y del Banco Mundial consiguieron un efecto similar en los ochenta y noventa, se repitió hasta la saciedad, aunque no fue suficiente para evitar que su programa básico de reformas, el llamado Consenso de Washington, terminase desapareciendo por el desagüe de la Historia.

Haciendo una revisión de estos ya casi siete años de crisis económica global, los resultados en términos políticos son absolutamente desalentadores. El sector financiero ha visto incrementarse su control pero las reformas establecidas para evitar nuevas burbujas están francamente lejos de ser suficientes. 

El desempleo, la desigualdad y la pobreza se han disparado en prácticamente todos los países desarrollados y el auge de los emergentes  se ve comprometido por el espejismo que significó su papel de “valor refugio” durante los años más complicados de la crisis y que ahora se revierte, generando no pocos problemas monetarios y financieros ante la salida masiva de capitales que vuelven hacia las economías desarrolladas.

La Unión Europea ha sobrevivido a la fase más aguda de la crisis, pero los efectos de la misma se notarán durante mucho tiempo: la desafección ciudadana hacia las instituciones ha crecido hasta niveles alarmantes y el debate abierto por los euroescépticos puede, si no herir de muerte, sí generar una enfermedad crónica al proyecto europeo.(...)

 En términos de política económica, el giro dado por los acontecimientos ha sido espectacular. Entramos en la crisis condenando el exceso de desregulación en sectores clave de la economía, reclamando una vuelta del Estado al puesto de mando (recuérdese que algunos pedían “refundar el capitalismo”), y hemos terminado situando la responsabilidad de la crisis en el excesivo peso del sector público y en su falta  de dinamismo. (...)

Y sin embargo, y pese a todo, las raíces profundas que han generado esta crisis siguen presentes en nuestra estructura económica. En su informe trimestral sobre la Eurozona, la Comisión adelantaba las perspectivas de crecimiento potencial de las economías del euro para los próximos años y los resultados son desalentadores.

 Mientras que durante el período de 1990 a 2007 el crecimiento potencial de la eurozona se materializó en un 2% anual, las perspectivas para la década 2014-2023 lo sitúan en un 1,1%. 

El crecimiento de la productividad (0,5%) se mantendrá, durante la próxima década, por debajo incluso de los niveles mediocres que se llevan observando desde inicios de los años noventa (0,8%), agrandando el diferencial con Estados Unidos, y permitiendo que los países emergentes se acerquen a las economías europeas. (...)

A largo plazo, como bien explicó el Grupo de Reflexión sobre el futuro de la Unión Europea del 2030, las perspectivas no son tranquilizadoras. Y sin embargo, Europa se encuentra exhausta, sin la fuerza, la determinación ni el liderazgo para acometer las reformas necesarias. (...)"                     (José Moisés Martín Carretero, Economistas frente a la crisis, 05/02/2014)

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