Una, sobre la que sí se ha escrito bastante, es el crecimiento del capital financiero, es decir, de las instituciones como la banca, las compañías de seguros y otras cuyo negocio se basa en manejar dinero.
La otra causa, relacionada con la anterior, es la desregulación de este capital financiero, y muy en especial del sector bancario, que ha creado lo que correctamente se ha definido como “capitalismo de casino” (es decir, basado en la especulación). (...)
Ahora bien, de lo que no se ha hablado
es precisamente de lo que hay detrás del aumento del crecimiento del
capital financiero (o lo que se llama financiarización de la economía) y
de su deriva especulativa.
Esta ignorada o desconocida (o incluso
ocultada) causa es ni más ni menos que el enorme crecimiento de las
desigualdades de renta en la mayoría de países a los que se define como
países avanzados económicamente (básicamente los de la OCDE, el club de
países más ricos del mundo).
Y aquí el lector me va a permitir que
elabore qué quiere decir “el incremento de las desigualdades en la
distribución de las rentas en un país”. Comencemos primero con el
concepto de “distribución de las rentas”.
Las rentas (el dinero que la
gente recibe) pueden proceder del trabajo (predominantemente a través de
los salarios) o de la propiedad de capital (es decir, propiedad, como
por ejemplo, acciones, que generan rentas). Pues bien, la distribución
de las rentas es el factor determinante para entender la evolución
económica (y también política) de un país.
La mayoría de la población obtiene sus rentas del trabajo. De ahí que
cuando estas rentas bajan (y pueden bajar debido a varias
circunstancias, como la bajada de salarios, y/o el descenso del número
de gente que trabaja, y/o el aumento del desempleo), la demanda de
productos y servicios, y con ello la producción de estos productos y
servicios, también baja, con lo cual la economía sufre un descenso, que
es lo que se llama recesión.
¿Por qué la financiarización de la economía?
Ahora bien, cuando la gente no tiene
dinero, lo pide prestado. Y de ahí se explica el gran crecimiento de la
banca. El endeudamiento tan tremendo de las familias españolas, así como
de las medianas y pequeñas empresas (que son las que crean más empleo
en España), se debe precisamente a la disminución de las rentas del
trabajo.
Hay una relación inversa desde los años ochenta entre la
disminución de las rentas del trabajo en un país y el crecimiento de la
banca. A mayor disminución de las primeras, mayor crecimiento de la
segunda (ni que decir tiene que otros factores intervienen también, como
la mayor o menor disponibilidad de crédito. Pero esto último no explica
por sí solo el enorme crecimiento del endeudamiento).
Y los datos hablan por sí mismos. Las rentas del trabajo como porcentaje
del PIB bajaron en España desde el 68% en la década de los ochenta a un
62% en la primera década del siglo XXI. En EEUU, durante el mismo
periodo bajaron de un 68% a un 65%. Un tanto parecido ocurrió en la
mayoría de países de la OCDE, aunque el grado de descenso y el
porcentaje variaron considerablemente.
Pero, incluso en los países
nórdicos, como Suecia, el descenso, aun cuando mucho menor, fue del 71%
al 69%. España, junto con Grecia (que pasó del 67% al 60%), Italia (del
68% al 65%) e Irlanda (del 70% al 55%), fueron de los países en los que
el porcentaje de las rentas del trabajo sobre el PIB era más bajo y en
los que más bajó (Eckhard Hein, “Finance-dominated Capitalism and Income
Distribution. Implications for an ‘Agenda of Shared Prosperity’”).
En
todos ellos, las rentas del trabajo bajaron rápidamente a costa del
incremento de las rentas del capital. Esta es la realidad, ignorada,
desconocida u ocultada. Y no es casualidad, por cierto, que Grecia,
Irlanda, Italia y España sean los países donde la Gran Recesión ha sido
más acentuada (ver mi artículo “Capital-Trabajo: el origen de la crisis
actual”, Le Monde Diplomatique, julio de 2013). Es en estos países donde
el problema de la demanda es mayor y, por lo tanto, la recesión es
también mayor.
Este descenso del peso de las rentas del trabajo puede no traducirse en
descenso de la demanda si la capacidad adquisitiva de la población no
desciende como consecuencia de conseguir prestado dinero para continuar
comprando los productos y servicios que necesita.
Es decir, el crédito
(que le proporciona la banca) puede mantener la demanda. Pero hasta
cierto punto. Y ahí está la raíz del problema. La demanda persiste pero
va cayendo, y con ello la actividad económica. Y ello puede representar
un problema, incluso para el mundo del capital, pues si no hay
suficiente demanda, las fábricas producen menos y los propietarios
pueden conseguir menos beneficios.
Lo que se llama la “rentabilidad del
capital” queda afectada cuando la demanda baja. De ahí que la gente que
tiene mucho dinero no vaya a invertir en lo que se llama economía
productiva (es decir, en producir productos y servicios), sino en áreas
donde la rentabilidad sea mayor, tales como las actividades
especulativas en, por ejemplo, el sector inmobiliario.
Y es así como se
produce la enorme explosión de burbujas especulativas, facilitada por la
desregulación de la banca. Ahora bien, toda burbuja, por definición,
explota. Y cuando explota, la banca colapsa o se paraliza, el crédito
desaparece y la economía se colapsa, pues sin crédito, la demanda
también colapsa, ya que los salarios, cada vez más bajos, sin crédito,
no pueden mantenerla.
Y ahí surge la Gran Recesión. La enorme
concentración de la riqueza ha creado la Gran Recesión, de la misma
manera que antes, a principios del siglo XX, creó la Gran Depresión. (...)"
(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital
SISTEMA, 24 de enero de 2014, y en la columna “Pensamiento Crítico” en
el diario PÚBLICO, 28 de enero de 2014, en www.vnavarro.org, 24/01/2014)
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