20.2.14

Nos acecha la deflación

"El dato de enero del IPC en España ha añadido más sombras alrededor del debate  sobre si en España, pero también en la UE, pudiéramos estar inmersos en un proceso de deflación. Tanto el IPC general, como el subyacente, es decir aquel que excluye los alimentos frescos y la energía, han arrojado una tasa del 0,2%, muy próxima a cero. Con ello, la probabilidad de observar una inflación negativa en febrero es del 65%.

 Siendo puristas, la mayoría de economistas, así como el Gobierno, se han apresurado a declarar en tromba que en ningún caso estamos ante una situación de deflación a la japonesa, y especialmente algunos de ellos ensalzan las bondades de una reducción tan drástica de la inflación en aras de ganar competitividad precio.

 El análisis pormenorizado del dato de enero muestra cómo por primera vez en cincuenta años, los precios de los servicios han descendido en enero, un 0,1% respecto a 2013, lo que da idea de la magnitud de la caída de la actividad en dicho sector, lo que corrobora la mala temporada navideña. (...)

Por tanto, en la coyuntura actual estamos ante una caída de los precios fruto de dos factores clave. Por un lado, la atonía de la actividad y el consumo interno, y por otro la presión que ejerce el exceso de endeudamiento de los agentes que imposibilita la inversión y por tanto la inflación de activos. 

La política económica procíclica ha posibilitado, junto al recorte del gasto público en inversión y la devaluación salarial, un desplome de los precios de consumo e inversión, lo cual choca aún más en un país poblado de oligopolios y monopolios. (...)

En suma, los que pensamos que es la demanda efectiva la que lidera el crecimiento y que no tenemos un problema de precios relativos, la caída y atonía de la inflación, tanto de consumo, como de activos, indica que estamos inmersos en un serio problema de riesgo de deflación.

 Si a esto añadimos el grave problema de deuda total, especialmente privada, algo que el mundo neoclásico ignora, tenemos un escenario perfecto para que cualquier shock adicional desencadene un proceso deflacionario que podría perdurar mucho tiempo. (...)

Si a esto añadimos los problemas de medición de precios que tiene el INE, tanto en consumo, como en vivienda, podríamos estar ante una situación de sobrestimación de la inflación, es decir, la realidad podría ser mucho más negativa. Pero para algunos, entre los que se encuentra el Gobierno, esta situación es perfecta para ganar competitividad, lo que indica que no han entendido la dinámica perversa de la deflación por deuda. 

Tímidamente el Banco de España lo empieza a analizar en algunos de sus últimos documentos. Por tanto, cuidado con la complacencia de los economistas de oferta ante una situación como esta. Lo malo es que son los que salen por la tele y ocupan el Ministerio de Economía y Hacienda y los lobbys que apoyan al ejecutivo.  "            (Alejandro Inurrieta, 16/02/2014)

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