"Comencemos por una de
las falsedades más importantes, que es la afirmación de que los recortes
de gasto público en los servicios públicos del Estado del Bienestar,
tales como sanidad, educación, servicios domiciliarios, vivienda social,
y otros (que están perjudicando enormemente el bienestar social y
calidad de vida de las clases populares), son necesarios para que no
aumente el déficit público.
Y se preguntará usted, “y, ¿por qué es tan
malo que crezca el déficit público?”. Y los reproductores de la
sabiduría convencional le responderán que la causa de que haya que
reducir el déficit público es porque el crecimiento de este déficit
determina el crecimiento de la deuda pública, que es lo que el Estado
tiene que pagar (predominantemente a la banca, que tiene algo más de la
mitad de la deuda pública en España) por haber pedido prestado dinero a
la banca para cubrir el agujero creado por el déficit público.
Se
subraya así que la deuda pública (que se considera una carga para las
generaciones venideras, que tendrán que pagarla) no puede continuar
creciendo, debiéndose reducir recortando el déficit público, lo cual
quiere decir para ellos recortar, recortar y recortar el Estado del
Bienestar, hasta el punto de acabar con él, que es lo que está
ocurriendo en España.
Los argumentos que se utilizan para justificar los recortes no son creíbles. (...)
El gasto público
sanitario como porcentaje del PIB se redujo alrededor de un 3,5% en el
periodo 2009-2011 (cuando debería haber crecido un 7,7% durante el mismo
periodo para llegar al gasto promedio de los países de semejante
desarrollo económico al nuestro), y el déficit público se redujo,
pasando del 11,1% del PIB en 2009 al 10,6% en 2012, y en cambio la deuda
pública no bajó, sino que continuó aumentando, pasando del 36% del PIB
en 2007 al 86% en 2012.
En realidad, la causa de que la deuda pública
esté aumentando se debe, en parte, a los recortes del gasto público.
¿Cómo puede ser eso?,
se preguntará usted. Pues la respuesta es fácil de ver. El descenso del
gasto público implica que disminuye la demanda pública y con ello el
crecimiento y la actividad económica, con lo cual el Estado recibe menos
ingresos por vía de impuestos y tasas. Y al recibir menos impuestos, el
Estado debe endeudarse más, con lo cual la deuda pública continúa
creciendo.
Ni que decir tiene que el mayor o menor impacto estimulante
del gasto público depende del tipo de gasto. Pero se está recortando en
los servicios públicos del Estado del Bienestar, que son los que crean
más empleo y que están entre los que estimulan más la economía.
Permítame que repita esta explicación debido a su enorme importancia. (...)
Cuando el Estado (tanto central como autonómico y local) aumenta el
gasto público, aumenta la demanda de productos y servicios, y con ello
el estímulo económico. Cuando baja, disminuye la demanda y desciende el
crecimiento económico, con lo cual el Estado recibe menos fondos. Es lo
que en la terminología macroeconómica se conoce como el efecto
multiplicador del gasto público.
La inversión y el gasto públicos
facilitan la actividad económica, lo cual es negado por los economistas
neoliberales (que se promueven en la gran mayoría de medios de mayor
información y persuasión del país), y ello a pesar de la enorme
evidencia publicada en la literatura científica (ver mi libro
Neoliberalismo y Estado del Bienestar, Ariel Económica, 1997). (...)" (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 30 de enero de 2014, en www.vnavarro.org, 30/01/2014)
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