21.2.14

¿Salir o no salir del euro? Esa es la cuestión

"Pasan los meses y las posibilidades de superar esta crisis por una vía que no sea una solución de ruptura se alejan cada vez más del horizonte.(...)

 Creo que hay dos argumentos básicos que refuerzan esta tesis.
El primero es que la solución que se está imponiendo a esta crisis desde las élites dominantes a nivel europeo es, en sí misma, una solución de ruptura por su parte y a su favor. (...)

La concesión que el capital hizo en ese momento, cediendo salario social en sus diferentes expresiones a cambio de que no se cuestionara la propiedad privada de los medios de producción, es una concesión que entiende que no tiene por qué ser renovada frente a una oposición a la que cree incapaz de defenderla.

 Pero, además, esas élites también son conscientes de que en la privatización de todas las estructuras de bienestar desmercantilizadas se encuentra un nicho de negocio capaz de ayudar a recomponer la caída en la tasa de ganancia. (...)

La Eurozona se ha convertido, tal y como se denunció antes de su nacimiento, en la expresión más perfecta de la Europa del capital. Y, en ese espacio de rentabilización de los capitales, la clase política ha sido cooptada por las élites económicas y puesta al servicio de su proyecto. (...)

tanto las políticas de ajuste permanente que se articularon durante el proceso de convergencia como las políticas que se han mantenido desde su entrada en vigor; la ausencia de una estructura fiscal de redistribución de la renta y la riqueza o de cualquier mecanismo de solidaridad que realmente responda a ese principio; las asimetrías estructurales existentes entre las distintas economías al inicio del proyecto y que se han ido agravando durante estos años son, sintéticamente, puntales del proceso de consolidación de la Europa del capital. 

Como acabamos de señalar, la crisis europea no es una crisis financiera sino que se trata de una crisis provocada por las diferencias de competitividad entre el núcleo y la periferia acumuladas desde que el euro entró en vigor. (...)

Por un lado, un núcleo que ha aumentado sus niveles de productividad, que ha mantenido unas tasas bajas de inflación y que optó por un proceso de ajuste basado, esencialmente, en la precarización del mercado de trabajo y la contención salarial. 

Y, por otro lado, una periferia que ha mantenido unos diferenciales positivos con respecto al núcleo tanto en tasa de inflación como en tasas de incremento salarial (entre otras cosas, porque los salarios partían de unos niveles inferiores) y unos niveles inferiores de desarrollo tecnológico e incorporación de valor añadido a la producción. 

Por otra parte, hay que señalar que Alemania ha sido una de las economías más beneficiadas de la existencia de la moneda única. Ésta ha permitido que las economías periféricas, menos competitivas que aquélla, no pudieran devaluar sus monedas para reequilibrar sus cuentas exteriores. La resultante ha sido una acumulación de superávit por cuenta corriente en los países centrales y de déficit por cuenta corriente en los países de la periferia desconocidas hasta el momento. (...)
 
En el centro del problema se encuentra la posición hegemónica alcanzada por Alemania y las peculiaridades de su estructura productiva, principal fundamento de su potencia económica. Se trata de una estructura productiva que, ante la debilidad crónica de su demanda interna y, por lo tanto, ante la existencia recurrente de exceso de ahorro, se ha volcado en el mercado externo canalizando su excedente de ahorro interno y su superávit comercial hacia los países periféricos en forma de flujos financieros. 

Para que la solución a la crisis europea no se diera en falso sería necesario, por tanto, una reconfiguración de las relaciones económicas al interior de la Eurozona.(...)

 La respuesta a esta pregunta pone de manifiesto la débil consciencia acerca de las condiciones que cualquier economía europea periférica -y, por lo tanto también de España- ha enfrentado, enfrenta y seguirá enfrentando en el terreno de juego que delimita la pertenencia al euro.

 Así, ante la carencia del mecanismo que permitiría corregir automáticamente los desequilibrios sin tener que recurrir al empobrecimiento de los trabajadores españoles, esto es, una devaluación competitiva de la moneda y ante la imposibilidad de desarrollar políticas industriales que reactiven el tejido productivo devastado por la hipertrofia inmobiliaria, podría afirmarse que España se encuentra atrapada en un callejón sin salida.  (...)

Y la situación no puede ser más dramática si somos conscientes de algo que todos deberíamos tener muy claro: en el marco del euro no hay margen alguno para políticas realmente transformadoras; a lo sumo lo hay para políticas paliativas de tanto dolor y sufrimiento social que está generando esta crisis, pero no para alterar el sistema como tal.

Por lo tanto, plantear que lo que hay que hacer es reformar el sistema como un todo y que, además, hay que hacerlo en el marco supranacional donde, precisamente, el capital financiero e industrial es más poderoso es la mejor forma de invocar el inmovilismo a la espera de una alineación de los astros que puede tardar demasiado tiempo en producirse. (...)

Por lo tanto, al defender la salida del euro no estoy diciendo que con la recuperación de la soberanía económica se recuperen los resortes del poder, pero sí que la ruptura con el euro abre el horizonte de lo políticamente posible, incluido el cambio en la correlación de fuerzas a nivel estatal.

 Un cambio que bien podría alterar radicalmente la naturaleza del Estado y el ejercicio del poder que éste despliega o bien podría, al menos, permitir un mayor control sobre los resortes del poder estatal por parte de la ciudadanía. 

O dicho en otros términos: la ruptura con el euro no es condición suficiente pero sí necesaria para cualquier proyecto de transformación social emancipatorio al que pueda aspirar la izquierda. (...)"              (Alberto Montero Soler, en Rebelión, 20/02/2014)

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