"(...) Vivo en Francia desde hace 20 años y, sin embargo, siento que nunca me
he ido de España. Lo curioso de habitar entre dos culturas es que, con
el tiempo, eres capaz de acostumbrarte a todo, a las cosas buenas y a
las malas de cada una de ellas. (...)
Hay cosas, sin embargo, que son iguales a un lado y otro de la frontera.
Francia también, ahora, sufre la crisis. Allí no se habla de la burbuja
inmobiliaria, ya que ellos no han vivido el régimen de créditos
putrefactos que ofrecían los bancos españoles.
Al menos de eso se van a
librar. Pero cuentan con una enorme deuda que no para de crecer y, que
por más recortes que anuncien, no adelgaza. En conclusión: me encuentro
en una Francia donde la palabra crisis se escucha sin cesar desde la
mañana hasta la noche. Como en España. (...)
La antipatía de los franceses va en aumento, empiezan a haber empresas
que cierran, el miedo se extiende, el trabajo escasea, el dinero no se
mueve. Y yo me pregunto: «¿Francia también?». En España se recortan los
derechos fundamentales, llega el populismo y el Gobierno es capaz de
adoptar medidas como la nueva ley del aborto. Y yo me pregunto:
«¿Francia también?».
De momento, presente está la vergüenza de ver cómo
la extrema derecha aprovecha para imponer sus ideas xenófobas. Presente
también, el estupor al comprobar que el matrimonio gay se topa con la
resistencia irrefrenable de una parte de la población.
Hay gente que cuando me habla de nuestro país casi me da el pésame,
pero yo veo que Francia ya no se aleja demasiado de ese mismo ambiente
moroso. Eso sí, si quieres olvidarte de todo, puedes pasearte por los
Campos Elíseos y dejarte caer por las tiendas de lujo. Al lujo le va
muy, pero que muy bien. ¿No resulta paradójico el mundo?
Cuando de nuevo regreso a Madrid y veo a tantos amigos y familiares
luchando como bestias para sobrevivir y para seguir adelante con sus
proyectos, siento admiración. Los admiro porque siguen teniendo ganas de
vivir y cuando estoy con ellos me llenan con su energía positiva.
Admiro la solidaridad que existe entre las personas que tienen lazos
cercanos y que no dudan en ayudarse entre sí. Siempre hay una mesa lista
para añadir un plato más, o dos si hace falta.
Me pregunto cómo sería España sin esa solidaridad tan maravillosa que
existe entre la gente. Y me pregunto cómo estará Francia dentro de un
tiempo. Si algún día llegan a alcanzar la situación de España, ¿qué les
salvará, teniendo en cuenta que allí la solidaridad familiar
prácticamente no existe?" (Blanca Li, SModa, 07/03/2014)
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