"(...) La mayor empresa de cárceles en Estados Unidos, Corrections
Corporation of America (CCA), fue también la primera de esta innovadora
industria.
Creada en 1983, fue ideada por Jack Massey, el mismo hombre que a
fines de los años 60 fundó Hospital Corporation of America, hoy la mayor
empresa de hospitales y centros de cirugía privados de Estados Unidos.
Al año siguiente, Wackenhut Corrections Corporation apareció en el
mercado, una empresa que más tarde sería comprada por el Grupo Geo, la
segunda compañía más grande del complejo industrial.
“La industria surgió en un contexto dominado por la mentalidad
conservadora de la época de Ronald Reagan y por políticas de mano dura,
que crearon la suficiente demanda para convencer a un grupo de
inversionistas de que existía una oportunidad empresarial”, explicó a
Télam Donald Cohen, director ejecutivo de la organización In the Public
Interest.
Según relató por teléfono desde su oficina en Washington, las
empresas comenzaron construyendo “cárceles especulativas”, es decir que
lo hacían pese a no tener contratos con los gobiernos locales o
estaduales.
Las primeras cárceles fueron construidas en pueblos pequeños y pobres
con la promesa de garantizar empleos, aumentar la recaudación y
abaratar los costos que provocaba la creciente población carcelaria a
los gobiernos.
Cumplían las mismas reglamentaciones que las prisiones públicas y una
vez en funcionamiento estaban bajo el control de los mismos entes
gubernamentales, pero, como toda empresa, su objetivo último era el
lucro.
Según Cohen, desde el principio la expansión de esta industria se basó en el “cortejo a los funcionarios”.
Primero fueron los municipios, luego los gobiernos de los estados,
principalmente en el sur del país, cerca de la frontera con México, y
finalmente, con la llegada de Bill Clinton a la Casa Blanca, el Estado
nacional.
Clinton endureció aún más la política criminal del país, pero fue su
compromiso con el fin de “la era del gran Estado” la que redujo
dramáticamente la burocracia pública y abrió la puerta a que el
Departamento de Justicia comenzara a contratar cárceles privadas para
decenas de miles de inmigrantes indocumentados y criminales.
“Para mediados de los 90, CCA era una de las empresas que mejor
cotizaba en Wall Street”, destacó Judy Green, directora de la
organización Justice Strategies, una organización especializada en
política criminal con base en Brooklyn, Nueva York.
Pero el mayor boom para el incipiente complejo industrial carcelario
llegó después de la declaración de la “guerra contra el terrorismo” en
2001 y, especialmente, con la política para frenar la inmigración del
segundo mandato del republicano George W. Bush.
Para fines de 2010 el complejo industrial carcelario concentraba el
8% de los presos en los sistemas federal y estadual, y se había
instalado con distinta fuerza en 30 de los 50 estados del país, según la
Oficina de Estadísticas de Justicia estadounidense. (...)
El porcentaje parece pequeño, pero lo que llama la atención es el
ritmo al que creció la industria en relación al aumento de personas
detenidas en el país.
Entre 1999 y 2010, la población carcelaria en Estados Unidos creció
un 18%, pero el número de presos en cárceles federales y estaduales
privadas aumentó alrededor de un 80%.
CCA posee 66 cárceles con capacidad para 91.000 presos, mientras que
el Grupo Geo tiene 65 prisiones y puede albergar más de 65.700
detenidos. Sus ganancias anuales en 2011 fueron de 1.700 millones y
1.600 millones de dólares, respectivamente.
A nivel federal este crecimiento se basó en la privatización de gran
parte del sistema de detención de inmigrantes indocumentados, mientras
que a nivel de los estados se consiguió gracias al “cortejo” de las
autoridades locales, que permitió la firma de contratos poco
convencionales.
Un informe de 2012 de In the Public Interest analizó 62 contratos de
empresas de cárceles con gobiernos estaduales y reveló que más del 65%
contiene cláusulas que obligan al Estado a garantizar una ocupación
mínima del 80 hasta el 100% de “las camas”, incluso si la tasa de
criminalidad disminuye.
Por ejemplo, en Colorado, el número de crímenes se redujo en un
tercio en la última década y eso permitió el cierre de cinco cárceles
públicas desde 2009.
Originalmente, el gobierno de Colorado había defendido la firma de
contratos con prisiones privadas argumentando que el sistema carcelario
público estaba desbordado.
Sin embargo, en 2012 y tras el cierre de cinco prisiones, el gobierno
local firmó un acuerdo con CCA para garantizar durante 2013 al menos
3.300 presos en las tres cárceles que la empresa tiene en ese estado,
con un costo anual de 20.000 dólares por preso.
Como el complejo industrial militar, la industria carcelaria adquirió
sus dones de negociación a fuerza de millones de dólares invertidos en
lobby y consiguió parte de su influencia gracias al grupo ALEC (Consejo
de Intercambio Legislativo Estadounidense). (...)
Medios estadounidenses, entre ellos el diario The New York Times y la
revista The Nation, vincularon a ALEC con leyes de mano dura, como la
que permite a los ciudadanos disparar cuando sienten que su vida está en
peligro, y las principales normas que permitieron la privatización del
sistema penitenciario.
“Las empresas de cárceles no crearon las leyes, pero ayudaron a que
sean aprobadas… y tiene sentido. Si cotizás en Wall Street, tenés que
crecer. Y para que tus acciones suban, tu mercado tiene que agrandarse”,
sintetizó Judy Green.
Los últimos 30 años demostraron que la única forma que tiene el
complejo industrial carcelario de aumentar su mercado es con políticas
criminales más duras." (Rebelión, 03/03/2014)
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