"El Gobierno aprobó el pasado viernes un RD, con medidas para
reestructurar la deuda de las empresas y mejorar la financiación de las
empresas. (...)
Hasta llegar a esta conclusión, han pasado ya más de cinco años en el
que el endeudamiento privada no ha más que crecer y multiplicarse por
cinco desde el año 2008. En la actualidad, la deuda privada alcanza un
stock de 3,7 m.m€, es decir un 370% del PIB.
Esta deuda incluye la deuda
de las empresas no financieras, aproximadamente 1,3 m.m€, las familias,
0,8 m.m€ y las empresas financieras aproximadamente 1,6 m.m€. A esto
hay que añadir la deuda pública, que ha alcanza el 94% del PIB, buena
parte de la cual en el pasado era deuda privada que se ha mutualizado,
para salvar, entre otros sectores, al financiero.
Esta acumulación de deuda ha estrangulado al sector privado durante
todos estos años, a lo que contribuido las políticas contractivas,
especialmente la política fiscal y el parón de la inversión pública, por
parte del ejecutivo en respuesta a las imposiciones de Bruselas y la
Troika.
Esto ha generado un estrangulamiento financiero de empresas y
familias motivado por las necesidades de la banca de alcanzar cotas de
solvencia y capitalización que les permita mantenerse a flote. La
incapacidad de repago de buena parte de esta deuda privada,
especialmente de empresas medianas y pequeñas no financieras, y
familias, se deja notar en las tasas de morosidad que a finales de 2013
alcanzaron un máximo histórico. (...)
¿Qué se debería hacer en un contexto de caída de la actividad, política fiscal contractiva y desapalancamiento privado?
Lo primero es tener en consideración que el principal freno a la
actividad y al empleo en España es la acumulación de deuda, algo que
parece ahora se han dado cuenta en el Palacio de la Moncloa. Por tanto,
si no hay crecimiento no es porque no hay financiación al sector
privada, sino porque la carga de la deuda ahoga al sector privado. (...)
Por tanto se debía haber instalado en el debate político, económico y
social la imperiosa necesidad de acometer un amplio proceso de
reestructuración de deuda privada, junto al de deuda pública del que
hablé la semana anterior.
Sin embargo, desde pocas posiciones se han
defendido estos procesos de quitas o refinanciación masiva de la deuda,
ya que desde la óptica conservadora-liberal las deudas son sagradas y
deben ser pagadas por encima de cualquier consideración social o
económica.
Eso ha sido la posición alemana para con el exceso de
endeudamiento en países como Grecia o Portugal o España. Sin embargo, el
agua ha llegado al cuello y el stock de deuda ha logrado dejar
prácticamente sin actividad a una gran parte del sector privado en
España. (...)
En suma, estamos ante el fracaso de la acción política que ha desdeñado
el efecto del sobreendeudamiento del sector privado en España. Buena
parte de esta deuda no podrá ser repagada, especialmente en empresas
pequeñas y familias.
Sin una política de quitas ordenadas, no será
posible retomar el camino del crecimiento económico. El camino elegido
por el ejecutivo trata de preservar el capital de la banca, sin entrar a
considerar que urge reducir el balance bancario y financiero en España y
también a nivel internacional. (...)" (Alejandro Inurrieta, Vox Populi, 09/03/2014)
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