"La denominada “devaluación salarial” está siendo un éxito clamoroso, sin paliativos… para los poderosos. (...)
La referida devaluación salarial expresa el
triunfo indiscutible de las oligarquías económicas y las élites
políticas, las del norte y las del sur.
1. Con la reducción de los salarios, muy
superior de lo que reflejan las estadísticas agregadas, como acaba de
reconocer el último boletín del Banco de España, los márgenes de
beneficio de las empresas (de las grandes, sobre todo) están aumentando.
Esos mayores beneficios, que no se están convirtiendo en inversión
productiva, están alimentando las ganancias de los equipos directivos y
los grandes accionistas. Acumulación de riqueza sin crecimiento, pura
confiscación.
2. Con los recortes salariales y la espada
de Damocles del desempleo (que se mantiene en niveles
extraordinariamente elevados y que no bajará de manera sustancial en los
próximos años), la capacidad de resistencia y de movilización de los
trabajadores, y también el margen de maniobra de las organizaciones
sindicales, se ha debilitado.(...)
3. En paralelo a la degradación salarial, están cambiando, para peor,
las condiciones de trabajo dentro de las empresas: aumentos en la
jornada laboral, intensificación de los ritmos de trabajo, crecimiento
de la parte variable del salario sujeta al cumplimiento de objetivos,
realización de horas extras no remuneradas… En definitiva,
sobreexplotación de la fuerza de trabajo y pérdida de derechos. (...)
Volviendo al comienzo, ¿devaluación salarial para aumentar la
competitividad, restablecer el crecimiento y crear empleo? No, estamos
asistiendo a un verdadero golpe de mano del poder, que está
aprovechando, ¡y hasta qué punto lo está haciendo!, su oportunidad; ha
encontrado en la crisis la tormenta perfecta. (...)" (Fernando Luengo, Econonuestra, 01/03/2014)
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