" (...) Después de vivir en la maravillosa y consoladora etapa de endeudamiento
para el ladrillo (¡por fin ya somos como ellos!) despertamos y nos
volvemos a encontrar con la España de siempre: derecha pura y dura que
expropia y privatiza, libertades menguantes, involución social y, de
nuevo, la emigración como alternativa. Por si fuera poco, Rusia,
también, de nuevo, culpable. Definitivamente, el pasado que vuelve es
el que creímos que se había ido para siempre y que amenaza con
convertirse en nuestro futuro. (...)
Lo sustantivo: la izquierda social y sindical no está a la altura de la ofensiva del capital.(...)
Se suele decir que vivimos una inquietante paz social en medio de una crisis pavorosa (...)
El problema está en las enormes carencias organizativas, en la falta de
estrategia y en las débiles iniciativas de las organizaciones
sindicales y del movimiento social en su conjunto. (...)
Las marchas de la dignidad dicen mucho de la situación social
existente y de los enormes esfuerzos que se están realizando para dar
una respuesta organizada a la altura de los tiempos.
Lo primero que hay
que tener en cuenta es que se trata de un movimiento que se hace al
margen de las organizaciones sindicales mayoritarias y del conflicto
laboral en sentido estricto. En el centro está la “cuestión social” en
sentido amplio: desempleo, eliminación de los derechos sociales,
pobreza, nueva “cuestión juvenil”.
Los protagonistas: algunos sindicatos
minoritarios, movimientos sociales y colectivos políticos que
conscientemente se sitúan en un segundo plano porque saben que la
politización más importante, aquí y ahora, es la que surge de la acción y
del sacrificio colectivo.
La palabra dignidad da muchas pistas sobre la plataforma programática
e ideal del movimiento. En el centro una afirmación fuerte: no somos
mercancías, somos personas con derechos y deberes sociales.
Puede
parecer muy genérico, hasta moralista. No es así: el compromiso ético-
político es siempre lo primero, la señal inicial de que se opta por un
modelo social basado en la igualdad, en los derechos sociales para todos
y todas y en un democracia, no es cosa menor, comprometida con la
calidad de vida de las mayorías sociales.
Todas las demás
reivindicaciones (económicamente posibles, socialmente viables y
moralmente justas) se anudan a una dignidad que fácilmente se convierte
en autoestima y en orgullo de ser obrero creador de riqueza social. (...)" ( Manolo Monereo, Cuarto Poder, 19/03/2014)
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