17.3.14

“Los países del sur de Europa deben rebelarse”

"Sánchez-Cuenca, director del Instituto Carlos III-Juan March de Ciencias Sociales de la Universidad Carlos III de Madrid, articulista habitual de infoLibre y coordinador de la sección Luces Rojas, pone el dedo sobre una realidad de la que no nos damos cuenta: países como Grecia, Irlanda, Portugal, Italia o España han sufrido embates similares –altos déficits, altas deudas– pese a que sus realidades nacionales y trayectorias históricas e institucionales sean diferentes. 

 "Sería absurdo concluir que cada país tiene sus propias causas de la crisis política cuando resulta que esta se da en todos estos países a la vez, casi en perfecta sincronía", alega. Por eso desconfía de las soluciones mágicas, regeneracionistas. (...9

PREGUNTA: Usted concluye que "los pueblos europeos tendrán que contentarse con las libertades y el Estado de derecho, pero no podrán aspirar al autogobierno democrático". Es demoledor.

RESPUESTA: Es un panorama desolador, sí, pero es el que nos hemos impuesto a nosotros mismos. Para mí, una de las grandes preguntas es por qué todos los partidos y la ciudadanía hemos aceptado meternos en esta especie de jaula de la que no vemos la salida. (...)

P.: ¿La UE merece tanto la pena? ¿Vale tanto como para que esté costando esos sacrificios?

R.: Esa es la pregunta que intento que se haga el lector en su cabeza. Es difícil de responder. Yo tiendo a pensar que no vale la pena en los términos en los que está planteada la UE. Pero en España hay una especie de unanimidad en las élites españolas. Desde su inicio, la UE tiene una asimetría entre la integración negativa (la desregulación) y la positiva (que se puedan corregir las consecuencias negativas de los mercados y se pueda redistribuir).

 En la integración positiva apenas se ha avanzado nada. Ahora estamos pagando las consecuencias durante la crisis. A mí me lleva a plantearme si vale la pena seguir con el statu quo actual o es mejor romper la baraja. 

Creo que la única forma de conseguir reformar las cosas en la UE pasa por que los países del sur de Europa no tengan esa actitud tan sumisa. Lo que tienen que hacer es rebelarse, exigir que se cambien las cosas. Mientras las asuman de forma acrítica, el sistema se mantendrá igual. (...)

P.: Comentaba antes la idea de que las élites no critican el euro. ¿A qué se debe? ¿Nos convendría salir del euro?

R.: España siempre ha sido muy europeísta, de forma monolítica, a diferencia de otros países como Portugal. Hasta el PCE estaba a favor. Ahora, durante la crisis, se ha roto la sintonía entre las élites y la ciudadanía, porque la ciudadanía es muy crítica y las élites, muy proeuropeas. 

Esa extraña unanimidad de las élites españolas se debe a la desconfianza que tienen en su propio país y en su ciudadanía. Me sorprende mucho que muchos economistas piensen que España debería haber sido intervenida por la troika, que es la mejor solución. 

¿Debemos salir del euro? Me falta conocimiento económico y no puedo saberlo, pero sí creo imprescindible que haya un debate, para que se oigan muchas voces y la ciudadanía se pueda formar un criterio al respecto.(...)

 P.: Carga en su libro contra la pléyade de propuestas regeneracionistas que plantean arreglar los problemas políticos del país como vía para salir de la crisis. Cree que pecan de un cierto provincianismo.

R.: Si nuestras instituciones funcionaran mejor, el país iría mejor, sería más fácil salir de la crisis. Pero aunque mejorara mucho la estructura territorial del Estado, aunque cambiara la ley electoral, aunque mejorara la educación, a corto plazo sería difícil ver las consecuencias económicas de todo ello.

 Estoy muy a favor de mejorar el sistema institucional español, pero no hay que confundir a los ciudadanos cuando se les dice que esa reforma institucional es una condición previa para salir de la crisis. Son cosas independientes. Los partidos ya funcionaban mal antes y el país crecía con mucha fuerza. 

Hay que tener cuidado, porque hay una cierta tendencia a mezclar problemas políticos con problemas económicos, haciendo ver que si se resuelven los primeros se resolverán los segundos, y me temo que eso no es así.

P.: Sostiene que esas propuestas pretenden sacar rédito de la crisis para implantar una serie de reformas.

R.: Todo el mundo intenta aprovecharse de la crisis.(...)

 P.: Y eso que en España todo ha cambiado desde la Transición.

R.: España ya ha cambiado muchísimo. Uno de los problemas que hay con estos postulados regeneracionistas es que no se reconoce lo mucho que ha avanzado España en muchos ámbitos. Es una actitud un tanto ingenua.  (...)

¿La ciudadanía está comportándose como cabría esperar?

P.: No sé qué requerirían las circunstancias, pero creo que si los países fueran más pobres en una situación como la presente habría dado lugar a un golpe de Estado o una revuelta, pero en países desarrollados la irritación se canaliza en forma de desinterés, pesimismo muy profundo… no en formas de reacción violenta. 

Los países desarrollados son casi inmunes a las catástrofes, jamás se rompen. Las democracias ricas lo resisten prácticamente todo, porque su ciudadanía ya ha alcanzado mínimos de bienestar que la hace conservadora. Esta situación en los años 20 y 30 del siglo pasado desembocó en fascismos, dictaduras, quiebra de democracias, etc.

 Ahora es otra historia, y es iluso pensar que la gente vaya a reaccionar de forma violenta masivamente. Podrá haber focos concretos de explosión de ira, pero nadie tiene la percepción de amenaza revolucionaria.  (...)"           (Entrevista a Ignacio Sánchez Cuenca, Info Libre, 11/03/2014)

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