"(...) la economía de Estados Unidos
–obviamente la preocupación central de la FED– ha venido creciendo en
unos números medios cercanos al 3%.
Sin embargo, las cifras mantienen un marcado perfil de “dientes de sierra”: en el tercer trimestre de 2013 la economía de EE UU creció un 4% para volver a caer hasta el 2% en el siguiente.
Los estirones alcistas que da la economía estadounidense parecen estar plenamente relacionados con picos de crecimiento de su capacidad de consumo
que, como se sabe, afectan a toda la economía mundial, con una
incipiente burbuja inmobiliaria que tampoco termina de despegar y cuya
existencia no se ha convertido en el debate económico preferido de
Estados Unidos.
Y es que parece que los problemas de exceso de capacidad, competencia feroz y caída de la rentabilidad
en los sectores industriales que Robert Brenner identificó como
centrales en la onda larga de la hegemonía del capital financiero desde
principios de los años 80 siguen estando muy vivos.
De hecho, la
producción manufacturera mundial de los últimos dos años opera como un
juego perfecto de suma cero en el que las ganancias de los países maduros son pérdidas por idéntica cantidad en los países emergentes.
Es decir, sigue habiendo muchos motivos para dudar que las
intervenciones expansionistas vayan a ser suficientes para generar la
recuperación económica.
¿Dónde irán todos esos capitales
financieros que han encontrado acomodo en los ciclos bursátiles de
estos últimos años cuando se retiren los estímulos y la economía no
financiera privada no sea capaz de arrojar las tasas de beneficio que
demandan las finanzas?
Precisamente, apoyándose en un crecimiento cada
vez menor de la producción industrial y del consumo en China, todo apunta a que los agentes financieros van a ir a buscar posiciones frente a los países emergentes,
últimos puntos geográficos de la cadena de valor china.
En concreto,
apostando a la devaluación de sus monedas, que en muchos casos, tras una
década de crecimiento, están, según los criterios que usan los
mercados financieros, sobrevaloradas o erosionadas por procesos
inflacionistas. El primero fue el caso del ataque a Turquía en enero;
y, el segundo, el de Argentina en ese mismo mes. (...)
Esta pausa está permitiendo que lo que era la caída abierta de los países del sur de Europa, entre ellos España, se esté convirtiendo en una situación de estancamiento. Que no de recuperación.
Y aquí conviene siempre recordar que, para el capitalismo en general y
el capitalismo financiero en particular, el estancamiento no es
sinónimo de equilibrio, sino que se tiene que mantener a costa de la
desposesión de las mayorías sociales, el beneficio no puede ser cero.
Eso sí, en este proceso de paso de la recesión al estancamiento se
perciben ciertos efectos novedosos: en España, las nuevas condiciones
laborales posteriores a la reforma laboral están generando una mayor
aceleración de la rotación de la fuerza de trabajo que puede ser
interpretada propagandísticamente como una tendencia a la reducción del
paro. (...)" ( Isidro López y Observatorio Metropolitano, Diagonal, 02/04/2014)
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