"La
narrativa de la derecha para explicar la crisis en Europa tiene dos
vertientes.
Primero, considera que los gobiernos fueron irresponsables
en el gasto y por ello incurrieron en una crisis de deuda soberana.
Segundo, insiste en que los altos costos salariales en los países de la
periferia europea provocaron el deterioro de su competitividad y
llevaron a un déficit insostenible en la cuenta corriente. Se supone que
esto provocó los desequilibrios estructurales entre economías
superavitarias y países deficitarios.
Ambas visiones de la crisis están
equivocadas, pero la derecha insiste en mantenerlas como verdad absoluta
y los medios de (des)información han machacado tanto esta historieta
que mucha gente ha terminado por creer que algo tiene de verdad.(...)
De
ahí se deriva la idea de que la austeridad y la devaluación fiscal son
medidas justas y correctivas. Ambas acciones han hundido a Europa en la
peor crisis de su historia.
Los datos no apoyan la idea de la irresponsabilidad fiscal: en 2007, el
año en que estalla la crisis en Estados Unidos, las cuentas públicas de
los miembros de la Unión Europea muestran un buen panorama. El déficit
público agregado en la UE era de 0.8 por ciento del PIB (y 0.6 en la
zona euro).
La mayor parte de los países que después sufrieron de manera
más fuerte la crisis tenía un buen desempeño fiscal y se habían
ajustado a los criterios del tratado de Maastricht y del Pacto de
crecimiento y estabilidad.
Pero
a medida que la crisis afectó los sectores reales de la economía las
cuentas públicas comenzaron a deteriorarse (...) Es decir, el deterioro fiscal es producto
de la crisis, no su causa.
Pero
ahora el Banco Central Europeo (BCE) acaba de dar a conocer un estudio
sobre la relación entre el déficit en la cuenta corriente y los costos
salariales en los países de la Unión Europea. Es un análisis que echa
por tierra todas las interpretaciones oficiales sobre la crisis y las
políticas aplicadas para enfrentarla, en especial las políticas de
austeridad fiscal. (...)
el
análisis demuestra que los cambios en los costos laborales tuvieron muy
pocos efectos sobre los cambios en los saldos de la cuenta corriente.
El deterioro en las cuentas externas de los países de la periferia no se
debió a los aumentos en los costos salariales.
Así que no es cierto que
el deterioro en las cuentas externas se deba a que los sindicatos
presionaron irresponsablemente y eso condujo a la pérdida de
competitividad. (...)
Los
datos revelan que la crisis no provino de una postura irresponsable en
materia fiscal, y tampoco fue provocada por aumentos salariales
insostenibles.
En cambio, uno de los factores más importantes es el de
los flujos de capital: el estudio del BCE concluye que los flujos de
capital están más relacionados con el deterioro de competitividad.
Y
esto no sorprende: en el contexto de una actividad bancaria a la que se
le quitaron las regulaciones, los créditos bancarios y el boom
inmobiliario efectivamente generaron una fuerte distorsión salarial. La
conclusión es que es necesario controlar los flujos de capital, pero la
derecha prefiere castigar a los trabajadores que limitar la voracidad
del capital financiero." (
Alejandro Nadal, La Jornada, en Jaque al neoliberalismo, 20/03/2014)
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