"Una deflación implica, por lo general, descensos de precios y del gasto
agregado que afectan negativamente a la actividad y al empleo. La crisis
subsiguiente genera efectos negativos adicionales sobre la riqueza y
aumenta la incertidumbre.
Un descenso significativo de los precios
provoca aumentos de los tipos de interés reales, incluso manteniéndose
reducidos los tipos de interés nominales, lo que deprime mas la demanda y
la actividad. En una situación de elevado endeudamiento público, el
mejor instrumento para luchar contra la deflación es la política
monetaria.
Se considera que la elección de Roosevelt a la presidencia de
Estados Unidos en 1932 y el fuerte aumento que el nuevo gobierno
provocó en la cantidad de dinero desempeñó un papel importante en la
recuperación (O. Blanchard, Macroeconomía, Prentice Hall, 2000).
En el caso de la Eurozona, los bajos ritmos de inflación, inferiores a
las previsiones en el primer trimestre de 2014, han alejado cada vez más
a los precios del objetivo del 2% de variación anual. Dicha evolución
ha llevado a plantearse la cuestión de una posible deflación en dicha
área económica. (...)
La política de “alivio cuantitativo” es un instrumento de política
monetaria que podría poner en práctica el BCE de forma más o menos
similar a otros bancos centrales, entre los que destacan la Reserva
Federal de Estados Unidos y el Banco de Japón.(...)
La política monetaria citada se puede
desarrollar a través de diferentes canales, entre los que es más
frecuente la compra de activos por el BCE a los bancos (W. Munchau,
Financial Times, 30 de marzo de 2014).
Una vez que estos últimos disponen de una
mayor liquidez se puede impulsar la concesión de créditos a las
empresas. Pero el multiplicador monetario no funciona, pues el banco
central crea reservas bancarias a petición.
Esto convierte en modesto el
impacto de la política de ”alivio cuantitativo”, con lo que el
principal impacto de dicha política es el de afectar al precio relativo
de los activos. Se elevan los precios de los activos financieros y baja
su rentabilidad (Martin Wolf, “Only the ignorant live in fear of
hyperinflation”, FT, 10.4.2014).
En los casos de Estados Unidos y de Japón
la actuación de los bancos centrales ha llevado a multiplicar el
balance del banco central correspondiente, lo que algún efecto expansivo
ha tenido sobre las respectivas economías. La práctica de dicha
política provoca con frecuencia efectos colaterales poco positivos.
Ejemplos de lo anterior son las frecuentes burbujas bursátiles que se
producen incluso en presencia de un comportamiento mediocre de la
economía. Otra forma de desarrollar tal actuación sería la de efectuar
compras de deuda para reestructurar los niveles de los tipos de interés,
provocando así un descenso mayor de los tipos de interés a largo plazo. (...)
En España la tasa de inflación de marzo
de 2014 fue del -0,1%, lo que ha planteado preocupación por el riesgo
de deflación que dicha situación comporta (primero el INE anticipó un
-0,2%, que después se ha corregido a la baja. De forma paralela, los
precios de las viviendas y los alquileres han seguido descendiendo en
los primeros meses de 2014, aunque a ritmo inferior al de los dos años
anteriores. (...)
Las condiciones de financiación
crediticia son todavía difíciles. El comportamiento deflacionario de
precios y salarios en España confirma la presencia de un importante
excedente de capacidad productiva no utilizada.
Una vez que la economía española ha
reiniciado una senda de crecimiento todavía débil importa que dicha
evolución se mantenga y que no resulte afectada por las consecuencias de
la deflación, esto es, de descensos de precios y salarios o de escaso o
nulo crecimiento.
El riesgo radica en que la inflación permanezca en
niveles negativos o ligeramente positivos durante un periodo prolongado,
lo que afectaría a la baja a los salarios y al consumo. El BCE debería
de pasar a la acción cuanto antes para impedir dicha deriva hacia la
deflación." (Julio Rodriguea López, Economistas frente a la crisis, 23/04/2014)

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