"(...) Sin entrar en pormenores, el asunto funciona como sigue: Red
Eléctrica Española estima las previsibles necesidades de energía para un
determinado período de tiempo, los productores de energía (es decir,
los que la generan en una central hidroeléctrica, nuclear, eólica,
térmica,…) presentan ofertas de venta de la misma, empezando por
aquellas que ofrecen la energía más barata.
A continuación, los comercializadores responden con ofertas de compra
de esa energía. En la subasta se realiza un ajuste entre oferta y
demanda, hasta que se cubre la demanda total.
El precio final, que es el
que se paga a todos los productores por igual, viene determinado por la
última oferta en ser aceptada, es decir, por la más cara. ¿Se han dado
cuenta ustedes de dónde está el truco?
Se lo explico en pocas líneas:
las energías hidráulica y nuclear son muy baratas, ya que las centrales
que las explotan se construyeron hace muchos años y la inversión está
totalmente amortizada, de manera que entran en la subasta a costes muy
bajos, siendo además un porcentaje muy apreciable del total (entre el
30% y el 60%, según la época del año).
Si el último en entrar en la
oferta lo hace a un precio de, digamos, tres veces el de las primeras,
éstas recibirán ese precio por la energía vendida, aunque les haya
costado obtenerla la tercera parte de lo que reciben como retribución.
Además, en el proceso de subasta también hay otro factor clave, el
denominado mercado de futuros, con un componente especulativo enorme, de
modo que en la fijación del precio intervienen elementos que nada
tienen que ver con los costes de producción.
El resultado final, como seguramente ha adivinado el lector, es que el
consumidor casi siempre pierde. Y lo ilustro con unos datos. En la
subasta del primer trimestre del año 2009, el precio de la electricidad
se fijó en 39 euros por megavatio-hora (€/MWh).
Durante todo ese
trimestre, el precio real no sobrepasó los 30 €/MWh, con un valle
alrededor de los días de Semana Santa de 20 €/MWh; es decir, querido
lector, que usted pagó la electricidad que consumió en esos días “valle”
casi un 100% más cara que su precio real.
La historia se repitió en el
mismo período de 2013 cuando, en la Semana Santa, usted pagó la
electricidad consumida a un precio un 180% superior al coste real, y
durante todo el trimestre la diferencia fue cada día desfavorable para
usted en unos porcentajes comprendidos entre el 10 % y el 35 %.
Y es que,
en los últimos cinco años, se ha repetido sistemáticamente la situación
descrita, salvo durante brevísimos períodos de los veranos de 2011 y
2013, en las que hubo diferencias ligeramente favorables para el
consumidor. ¿Le han devuelto a usted algo del exceso pagado? A mí
tampoco. (...)" (Ignacio Mártil, Attac Madrid, 16/05/2014)
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