"(...) Al ritmo actual, la deuda pública se está viendo incrementada a razón
de 10.000 millones de euros al mes, que no es precisamente moco de
pavo. De hecho, el propio Gobierno ya avisa en sus previsiones
económicas de que la tendencia seguirá y acabaremos el año con un 98,9 %
de deuda.
Con esto, lo verdaderamente preocupante de la situación es que no existe receta que a corto plazo nos permita subsistir sin endeudar más a las arcas públicas.
No se trata de ser catastrofista, porque tal y como comentaba Alejandro hace unas semanas lo importante es la capacidad del país para pagar su deuda.
Sin embargo, tampoco podemos pecar de ingenuos e ignorar el hecho de que a día de hoy la deuda sigue sin ser sostenible, máxime si tenemos en cuenta la incapacidad de nuestra economía para generar superávit primario. (...)" (Aurelio Jiménez, El blog salmón, 15/05/2014)
"La deuda pública española se encaramó en el primer trimestre al 96,8% del PIB. Debería bordear el 100% a final de año (...)
Con esto, lo verdaderamente preocupante de la situación es que no existe receta que a corto plazo nos permita subsistir sin endeudar más a las arcas públicas.
No se trata de ser catastrofista, porque tal y como comentaba Alejandro hace unas semanas lo importante es la capacidad del país para pagar su deuda.
Sin embargo, tampoco podemos pecar de ingenuos e ignorar el hecho de que a día de hoy la deuda sigue sin ser sostenible, máxime si tenemos en cuenta la incapacidad de nuestra economía para generar superávit primario. (...)" (Aurelio Jiménez, El blog salmón, 15/05/2014)
"La deuda pública española se encaramó en el primer trimestre al 96,8% del PIB. Debería bordear el 100% a final de año (...)
¿Es esto peligroso? (...)
Una acumulación continua de deuda (por embalsamiento de nuevos
déficits) puede provocar el efecto bola de nieve, por el cual la
velocidad a la que aumenta llega a ser incontrolable, por más que se
recorten gastos o aumenten los impuestos. Se hace insostenible.
Un peligro para que esto sucediese sería el estancamiento o la caída
del PIB: si se pagan más intereses de lo que aumentan los ingresos, si
la deuda aumenta proporcionalmente más que la recaudación, se va
haciendo menos sostenible. Pero si el PIB crece, sucede lo contrario.
La deuda sigue hoy sin ser sostenible. Para que lo sea, hay que
generar superávit primario (ingresos menos gastos sin contar los
financieros), y en 2013 no hubo superávit, sino déficit primario, del
3,3%. Y una vez cubierto ese requisito aún faltarían otros, como resume
el profesor Albert Solé (“El llarg i dur camí cap a la consolidació
fiscal”, www.ieb.ub.edu/files/Sole).
Es verdad que el gran alimento de la deuda, el déficit anual, se ha
reducido en los últimos años, como abunda el trabajo citado. Pero ¿cómo?
Gracias a los municipios, que lucen superávit del 0,4% en 2013. Y a las
autonomías, que han mejorado desde un déficit del 5,2% del PIB en 2011 a
otro del 1,5% en 2013. Mientras que la Administración central lo ha
agravado en igual período desde el 3,5% al 4,3%. (...)" (
Xavier Vidal-Folch
, El País, 15 MAY 2014)
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