"(...) Europa es el epicentro de la crisis actual. Allí continúa la
recesión al cabo de fatigosos ajustes con niveles récord de desempleo.
El momento más dramático del temblor se registró en el 2011-2012, cuando
sobrevoló una convergencia de quebranto de los bancos con cesaciones de
pagos de la deuda pública, en pleno temblor global. También parecía
inminente el estallido del euro.
Ese dramatismo ha cedido pero el
respiro es frágil. La situación de las instituciones financieras es
delicada y el estancamiento es mayor que en Estados Unidos.
La
interpretación europea inicial de tsunami como un eco pasajero del
temblor norteamericano ha quedado desmentida. El Viejo Continente está
entrampado en un círculo vicioso de quiebras bancarias y déficit fiscal.
El rescate de las entidades potenció la deuda pública y precipitó
recesiones, que acentúan la vulnerabilidad del sector financiero. Aunque
800 bancos ya recibieron un billón de euros nadie avizora el final del
túnel.
Alemania se ha convertido en la gran potencia del Viejo
Mundo. Recuperó preeminencia con la anexión de la RDA, que financió
entre 1998 y 2006 con ajustes internos y retracción salarial.
Luego
impuso el incremento de la productividad por encima de los sueldos,
mediante un atropello contra las conquistas sociales. Con las leyes
Hartz se obligó a los desocupados a realizar trabajos precarizados, que
ya representan un cuarto del empleo total. Esta agresión fue desplegada
por los capitalistas para reducir el costo salarial.
La
afluencia de mano de obra barata y calificada del Este y la
relocalización externa de numerosas empresas complementaron el ajuste.
Los sindicatos no fueron demolidos como en Inglaterra, pero decreció su
poder de negociación y el modelo renano de capitalismo social se diluyó,
hasta perder sus viejas diferencias con el esquema anglosajón. El
capital alemán se internacionalizó, recibió inversiones externas y
adoptó el estilo brutal de los managers estadounidenses.
Estas transformaciones han socavado la legitimidad del sistema político.(...)
Los capitalistas germanos salieron airosos de la anexión e
impusieron sus prioridades en la conformación de la Unión Europea.
Acumularon un gran acervo de acreencias y superávits comerciales que les
permite definir el rumbo del continente. Esta primacía se ha
consolidado luego de cooptar a varias economías del norte (Dinamarca,
Holanda, Finlandia, Austria).
También ha sido esencial el
acuerdo político con Francia. La clase dominante de ese país compensa su
declive productivo con la alianza geopolítica que forjó con su viejo
rival. Pero el precio del convenio es un ajuste continuado, que
conservadores y socialdemócratas implementan sin ninguna distinción.
A
los pocos meses de asumir, Hollande sustituyó su leve sugerencia de
subir impuestos a las familias pudientes por nuevos subsidios al capital
y mayor flexibilidad laboral. (...)" (Claudio Katz,Rebelión, 06/05/2014)
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