"(...) los datos oficiales revelan un leve progreso en el saneamiento de las
entidades de crédito, aunque ello debe ser analizado con cautela debido a
dos razones fundamentales.
La primera es que los balances de los bancos
son elaborados a partir de complejos mecanismos contables susceptibles
de manipulación interesada, lo que permite mostrar al exterior una
imagen más saneada de la que en realidad pueden tener. La segunda,
todavía más importante que la primera, es que la cuestión no es tanto el
saneamiento sino la recuperación de la actividad económica.
El
saneamiento es condición necesaria pero no suficiente porque, aunque
supusiéramos saneado todo el balance de la banca, el problema
persistiría ante una situación de recesión continuada en la que los
activos sanos se tornarán problemáticos y disminuirá la demanda de
crédito solvente.
Por otro lado, no se ha abordado aun completamente el saneamiento de los bancos, destituyendo juntas directivas y haciendo un bail-in:
recapitalización comenzando por quitas a bonistas y propietarios del
capital (excepción hecha de estafados por venta de preferentes a
minoristas).
Por desgracia, ha sido sólo a partir del rescate impulsado
por la troika cuando se ha variado la atención al problema aplicando
medidas de compartir la carga (burden sharing). Pero se sigue
intentando minimizar el problema sobre la base de minimizar el uso
presente de ayudas públicas.
Esto es un error. Lo adecuado sería
maximizar el saneamiento para minimizar las ayudas públicas futuras,
evitando así alargar innecesariamente la crisis bancaria. De fondo, y
más allá del alcance de estas ayudas, urge replantearse un modelo
bancario con un sistema financiero hipertrofiado que ha provocado la
presente crisis.
El saneamiento en España se ha centrado
en la exposición inmobiliaria en los balances, pero ésta constituye
apenas un 20% del total. Poco se sabe del resto, con una gigantesca
deuda de corporaciones no financieras. Asimismo, se ataja el problema
desde una óptica estática, desde los balances, a fin de recobrar la
confianza de los inversores.
Pero se obvia que el problema es dinámico y
que depende del deterioro de las condiciones de pago, y de vida, de los
clientes de esos bancos. Si el problema es sobre todo inmobiliario se
hace imprescindible una quita ordenada de la deuda hipotecaria en
función de la capacidad de pago y la creación de un parque público de
viviendas de alquiler.
Mientras no mejoren las expectativas no retornará
la inversión productiva y con ella tanto la creación de empleo como la
afluencia del crédito.
No podemos predecir si será necesario
otro rescate, aunque parece difícil compaginar la actual situación de
políticas contractivas sin nuevas vías de ayuda directa e indirectas a
la banca.
La delicada situación económica de la mayoría de las familias y
empresas no está mejorando, lo que hace que los ratios de morosidad
sigan aumentando y con ellos el deterioro de los activos de los bancos.
Por lo pronto el BCE ha anunciado una posible tercera ronda de
inyecciones masivas de liquidez (LTRO) y no descarta compra masiva de
títulos, al estilo de la Quantitative Easing estadounidense.
El
banco malo (SAREB) por su parte presenta demasiadas dudas sobre sus
posibilidades sin asumir fuertes cargas por parte del Estado. Veremos." (Antonio Sanabria* y Eduardo Garzón, artículo publicado en el nº 131 de la revista Viento Sur., en Colectivo Novecento, 24/04/2014)
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