"Tres son los resultados más significativos de las elecciones europeas en
España: la emergencia de un amplio electorado indignado y
transformador; el fracaso del proyecto del aparato socialista que ha
cosechado el peor resultado de su historia; el declive del apoyo
electoral a la derecha. Los tres fenómenos están encadenados. (...)
Es un acontecimiento histórico. Por primera vez en España, en todo el
periodo democrático, las fuerzas políticas a la izquierda de la
socialdemocracia superan a ésta en apoyo electoral, y dejan de estar
subordinadas ante su hegemonía.
Las dos dinámicas son paralelas:
deslegitimación y disminución de la capacidad representativa de la élite
socialista; aval ciudadano a un conjunto de varios grupos
sociopolíticos a su izquierda, primero social y de legitimación
ciudadana y, después, como representantes políticos directos.
Es decir,
junto con el declive de la derecha conservadora, se ha producido un
desplazamiento hacia la izquierda del electorado, fortaleciéndose un
polo alternativo relevante de similar representación política (y
superior legitimidad social) que la tradicional socialdemocracia.
Este
proceso se ha fraguado durante estos cinco años, a través de la
indignación cívica contra las graves e injustas consecuencias de la
crisis socioeconómica, la pugna popular contra la involución social,
económica y política promovida por las dos élites gobernantes, y la
defensa ciudadana de los derechos democráticos, sociales y laborales. (...)
Las elecciones generales de noviembre de 2011, ya constituyeron un
primer aviso: amplia desafección hacia el partido socialista e
incremento del voto a IU (y algo de abstención y voto en blanco). Ahora
ha cristalizado un segundo paso en el impacto electoral e institucional
con un claro, aunque todavía dividido y emergente, polo político
alternativo. (...)
Lo más llamativo ha sido el amplio apoyo a esta reciente fuerza política. Podemos
ha tenido la habilidad y el acierto en sus mensajes políticos y su tipo
de candidatura, innovadora, participativa y con buena capacidad
comunicativa, para conectar con esa parte de la ciudadanía indignada y
hacerse su portavoz político en estas elecciones.
Es un gran mérito el
haber conseguido ser un cauce de expresión política de la resistencia
cívica a la austeridad y la exigencia democratizadora. El logro del
reconocimiento ciudadano para su labor institucional y representativa
corre parejo con la debida autonomía y el refuerzo de la movilización
social que es la base de su legitimidad.
En comparación con los
pronósticos de diversas encuestas de opinión, el conjunto del voto a
estos dos grupos de izquierda alternativa se ha visto incrementado.
Pero, sobre todo, lo más sorprendente ha sido la casi igualación entre
ellos (seis por cinco eurodiputados), cuando las expectativas
suscitadas, en el mejor de cada caso, preveían una desproporción mayor
(ocho a tres, a favor de Izquierda Plural).
El choque de la dirección de
IU con esta realidad, todavía más fuerte en sitios emblemáticos como
Madrid y Asturias donde Podemos les ha superado, les debe
permitir iniciar una reflexión profunda sobre sus limitaciones
políticas, organizativas y de forma de tejer alianzas, que les han
dificultado para obtener la confianza de un amplio segmento crítico con
el poder. (...)
La base social indignada estaba prácticamente construida en el plano
social; una parte relevante de ella se ha sumado electoralmente a Izquierda Plural y otra similar ha confiado en la representación política de Podemos.
Ahora, ambos deben asumir el desafío de seguir mereciendo su apoyo y
ampliarlo a la mayoría de la sociedad junto con las demás fuerzas
alternativas.
Y conducirlo unitariamente hasta derrotar a los poderosos y
garantizar un avance sustantivo hacia una democracia social más justa,
con una ciudadanía social plena e integradora, al mismo tiempo que con
un nuevo equilibrio territorial. No es poco, pero es la oportunidad y el
horizonte que se han abierto, por primera vez en España, desde la
Transición política.
Por tanto, la perspectiva inmediata es la
reafirmación de las izquierdas y fuerzas progresistas y el desalojo del
poder institucional a las derechas, en los procesos electorales próximos
–municipales, autonómicos-, particularmente en territorios donde se ha
instalado casi como un régimen conservador y atravesado por la
corrupción, como Madrid, la Comunidad valenciana o Navarra.
Después en
las elecciones generales garantizar el cambio político progresista, con
un giro igualitario de la política socioeconómica, un impulso
democratizador de las instituciones políticas y una relación de la Unión
Europea más solidaria y respetuosa con España y los países periféricos." (Antonio Antón. Profesor honorario de Sociología, Rebelión, 02/2014)
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