"Europa se enfrenta a un peligro existencial. (...) Incapaz de superar la crisis, por su bloqueo político-institucional,
parte de la población europea, frustrada, se ha dado a consumir
sustancias estupefacientes —nacionalismo insolidario y populismo
antisistema— que paralizan su cerebro institucional y descomponen su
cuerpo político. Es un suicidio lento.
Pero podría desencadenar sus
efectos terminales con súbita rapidez.
Su origen está en la opción deliberada, hace cinco años, de responder
a la crisis financiera con un enfoque nacional (intergubernamental) y
no europeo (método comunitario): la fatal decisión de Angela Merkel de
imponer rescates nacionales a la banca y al sector automovilístico en
2009.
Este enfoque permitió a Alemania imponer su diagnóstico de la
crisis (déficits y deuda como causas y mal a batir) y su terapia
(austeridad + reformas estructurales a cambio de rescates de los países
vulnerables).
La “prudente” canciller ha mantenido desde entonces un
delicado equilibrio entre priorizar el interés nacional alemán (la
adoración fetichista del equilibrio presupuestario y los superávits
comerciales a costa de la demanda interna y de empobrecer a sus socios
europeos) y mantener íntegra la eurozona. (...)
Cinco años después, esas políticas son un fracaso sin paliativos, por
sus resultados económicos, y una catástrofe en ciernes, por sus
consecuencias políticas. (...)
Dos de sus países más antiguos (España, Reino Unido) sufren la fiebre
separatista interna, azuzada por la crisis. El Parlamento Europeo se ha
llenado de euroescépticos, nacionalistas eurófobos y populistas de toda
laya —algunos incluso han ganado las elecciones en su propio país (Reino
Unido y Francia)—. Además de los xenófobos Partido de la Libertad en
Austria (19% de los votos), Partido por la Libertad (de Geert Wilders)
en Holanda (13%) y Auténticos Finlandeses (12%) en el país escandinavo,
hemos visto surgir partidos nacionalistas antieuropeos en lugares
insospechados: en la próspera y tolerante Suecia, un partido con
orígenes neonazis, los Demócratas de Suecia, ha logrado el 13% de los
votos en las elecciones generales; y, en la misma Alemania, el partido
antieuro Alternativa por Alemania, ha pasado de menos del 5% en las
generales del año pasado, al 12% en las regionales de Brandemburgo.
Italia, con uno de los Estados más disfuncionales de Europa occidental,
está económicamente postrada, aplastada por el peso de su deuda (ha
pasado del 103% del PIB en 2007 a un 137% previsto este año) y hundida
en la recesión.8...)
Con todo, lo más temible es que Francia, en el corazón de Europa,
alimenta un nacional-chauvinismo extremo que hoy, por primera vez, tiene
posibilidades reales de alcanzar el poder. (...)
El mismo año en que un resurgente nacionalismo inglés podría sacar a
Reino Unido de la Unión Europea. Esta quedaría herida de muerte. (...)
¿De qué depende? De que Alemania permanezca imperturbable y su canciller
siga respondiendo “nein” a toda propuesta que suponga variar el rumbo, o
bien imponga un giro de 180% a su política económica.
Eso significaría
aceptar el Gran Trato que ha avanzado Mario Draghi para reactivar la
demanda y evitar la deflación: luz verde a la expansión monetaria (QE)
del BCE, relajamiento fiscal coordinado en los países que puedan
permitírselo (especialmente Alemania et al), junto al programa
europeo de inversión prometido por Juncker. Todo ello a cambio de
reformas estructurales en los países rezagados. Desgraciadamente,
semejante cambio es hoy altamente improbable (...)
Alguien debería advertirle que la tierra se está cuarteando bajo sus
pies. De lo contrario, muchas cosas pueden romperse en el continente. El
deshilachamiento en marcha se convertiría en descomposición abierta:
una fuga hacia lo desconocido. Podríamos estar más cerca de la
medianoche de lo que creemos. " (
Francisco Egea /
Javier de la Puerta
, El País, 30 OCT 2014)
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