"Según
el Banco de España, la deuda pública española es de algo más de un
billón de euros. El 97,1% del PIB. (...)
En
el Reino de España, los intereses de la deuda a pagar en 2015
sobrepasan los 35.000 millones de euros. Casi una quinta parte de lo que
se ingresará por impuestos. De reducirse los intereses de la deuda
pública, los países de la eurozona, España incluida, tendrían
presupuestos con superávit.
O, dicho de otro modo, si los gobiernos
hubieran sido financiados por el Banco Central Europeo al interés con el
que generosamente financia a la banca privada, la deuda pública europea
sería mínima. Y es que la utilización de la deuda no es técnica,
inocente, neutral ni imparcial. Los bancos han destinado el dinero
barato del BCE para pagar los créditos con los que alimentaron la
burbuja inmobiliaria y para comprar deuda pública con la que obtienen
beneficios a costa del erario público.
Que
la deuda sea impagable hace imprescindibles moratorias,
reestructuraciones, suspensiones y quitas. Medidas normales en el
capitalismo, como lo fueron en el feudalismo y antes. En la Babilonia de
Hammurabí, hace cuatro mil años, hubo una treintena de
reestructuraciones de deuda, incluidas cuatro anulaciones.
Pero no hay que ir tan lejos para comprobar que reestructuraciones y
quitas de deuda son actuaciones frecuentes. Por el Acuerdo de Londres de
1953, 25 países acreedores aceptaron anular un 62% de la deuda externa
alemana. Reducción que fue clave para la rápida recuperación y posterior
desarrollo de la República Federal Alemana.(...)
La
reestructuración o anulación de deuda pública es voluntad política, no
cuestión técnica. Como también es voluntad política decidir a quién
beneficia una reestructuración de la deuda. ¿A la ciudadanía? ¿A la
minoría que detenta el poder económico? La deuda pública se utilizó en
los noventa para obligar a América Latina a aplicar políticas
neoliberales.
El mecanismo era sencillo: para lograr préstamos del Banco
Mundial, había que cumplir las condiciones que imponía el FMI. Que eran
ajustes estructurales (despidos masivos y patente de corso para el
capital), privatizar todo lo público y rebajar salarios. Chantaje puro y
duro.
Desde hace tres décadas, es política neoliberal aumentar el
endeudamiento de la mayoría de países para controlarlos o incidir en sus
políticas. En la vieja Europa la deuda ha aumentado extraordinariamente
por los tratados de Maastrich y Lisboa que prohíben al Banco Central
Europeo prestar directamente a los gobiernos, pero no a los bancos
privados.
Con la caída de ingresos del Estado, por las rebajas de
impuestos a los que más poseen y más ganan, los gobiernos recurren a la
banca privada que compra sus bonos de deuda a interés más alto. Es el
mecanismo de aumento de la deuda pública en Europa y de control que
cierra así el círculo del uso torticero de la deuda. (...)
Por
todo ello, hacer frente a la deuda, auditarla, reestructurarla y
reducirla, pensando sobre todo en la gente, es obligatorio para defender
los derechos de la mayoría, para empezar a cambiar las cosas y
construir otro mundo posible más decente." (Xavier Caño Tamayo, Alainet, en Jaque al neoliberalismo, 25/11/2014)

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