13.11.14

Le entristece sentirse a veces apartada por sus compañeros, porque “vieron cómo entraba en el comedor social a pedir comida”

“Me gustaría tener una casa grande y que mi familia no tuviera que pedir comida ni ropa”, dice Encarni, de 12 años recién cumplidos, a IPS en la pequeña vivienda que comparte con cinco familiares en un barrio precario de la sureña ciudad española de Málaga. 

De ojos marrones y frente grande, cabello castaño y liso a la altura de los hombros, Encarni es uno de los rostros de la pobreza infantil en España donde la tasa ha crecido un 28,5 por ciento desde 2008, según un informe que elFondo para la Infancia de las Naciones Unidas (Unicef) difundió el martes 28. (...)

Casi todos los días a media tarde Encarni acompaña a su madre y a su tía a buscar alimentos a Er Banco Güeno, un comedor social autogestionado por los vecinos del barrio de La Palma-Palmilla, que ocupa desde hace dos años el local de una antigua sede bancaria y brinda las tres comidas a personas necesitadas.

“Trabajé en la construcción hasta el comienzo de la crisis en 2008 cuando me despidieron”, cuenta a IPS el padrastro de la niña, Antonio Delgado, quien desde entonces no ha vuelto a encontrar empleo y ha hecho de todo “desde recoger chatarra a vender en mercadillos”.

De rostro enjuto y dentadura maltrecha, Antonio hace pequeños arreglos que apenas le reportan unos euros diarios, valiéndose de una máquina soldadora y otra para inflar ruedas, apostadas en el pasillo de la casa, un piso al que se accede desde la calle y en cuya entrada cuelgan varias jaulas con pájaros.

Encarni detalla que su madre, Inmaculada Rodríguez, laboró durante un par de meses cuidando una persona mayor, pero la despidieron. (...)

“Me gusta mucho ir al colegio. Sobre todo hacer gimnasia”, cuenta la niña con su voz dulce, aunque le entristece sentirse a veces apartada por sus compañeros, porque “vieron cómo entraba en el comedor social a pedir comida”. “Pero yo no les hago caso”, agrega con una media sonrisa.  

Hace unos días su tía y sus tres primos se trasladaron a otra vivienda cercana, pero hasta entonces en la casa de Encarni convivían 11 personas, según enumeran cuando comparten su realidad cotidiana con IPS.

Ella dormía en la cama de arriba de una litera con su prima Estefanía, un año mayor que ella, y en la de abajo su tía Ana María y su hijo Juan José, de nueve años. Al lado, en una cuna pasaba las noches su otro primo, Ismael, de dos años y medio.

La madre de Encarni, su padrastro y otros cuatro familiares se repartían el resto de las estancias de la casa que cuenta solo con un baño pequeño al que se llega sorteando un tendedero, donde la ropa recién lavada se seca al aire de un ventilador cerca de la cocina.
Estefanía e Ismael sufren de epilepsia, cuenta su madre, Ana María, que está desempleada y muestra a IPS la caja donde guarda varios medicamentos que  deben tomar a diario.

“¿Tu casa es grande?, pregunta Encarni a IPS, mientras acaricia el lomo de su perro, un cariñoso cachorro de pelo negro al que llaman Gordo. Y después interroga: “¿de dónde sacan el dinero los ricos?”.  (...)

Encarni quiere ser jueza cuando sea mayor, pero por ahora se conformaría con poder “vestir bien” y poder ir a comprar más al supermercado.

“Todo lo que está aquí nos lo dieron porque mis padres no tienen suficiente dinero”, explica señalando la ropa doblada en estantes, los paquetes de arroz y lentejas en una repisa alta de la habitación y hasta la mochila que le regaló una vecina para el colegio, donde almuerza diariamente gratis por la falta de renta familiar.

A Encarni le gusta jugar a saltar el elástico, la comba, balancearse en los columpios que hay cerca de su casa y que su padrastro le lleve en la bicicleta.

También comer dulces, cantar y bailar junto a su prima Estefanía, que este verano disfrutó por primera vez de un baño en el mar pese a vivir a escasos kilómetros de la playa. “El agua sabía a sal”, rememora la niña para IPS. (...)

El nuevo estudio de Unicef alerta de que 2,6 millones de niños han caído en la pobreza a causa de la crisis económica en los países más prósperos, por lo que el número total de niños pobres en el Norte industrial se eleva ya a 76,5 millones.

Con el cabello suelto recién peinado, sentada en una cama cerca de una ventana, mientras la televisión escupe noticias sobre los últimos escándalos de corrupción en este país, Encarni abraza a su pequeño primo Ismael, que aprieta un trozo de pan en su mano, y espera que caiga la noche."           (Inés Benítez, Attac Madrid, 12/11/2014)

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