"9-N. República Federal de Gràcia. Me voy a ver lo
que pasa. Algo difícil cuando no se sabe lo que pasa. Verbigracia: el
politólogo Aitor Carr, hace escasas horas que ha dibujado lo que pasa a
través de esta frase: “No sabes si el 9-N es un acto de desobediencia o
un desfogue colectivo pactado para mantener la agenda de PP i CiU”.
Respecto al acto de desobediencia, se respira, en efecto, en el
ambiente. Hay algo raro y rebelde, difuso y que será difícil dilucidar
en una consulta difusa, en una consulta que no es una consulta, pero que
es consulta, en otro jalón con final abierto. El pacto secreto también
se respira en el ambiente. De hecho, se respira, si se fijan, desde hace
casi cuatro décadas.
El sábado, en ese sentido, se conocían las
negociaciones de Rigol con PP y PSOE, y que tal vez hayan posibilitado
que el Estado haya decidido no intensificar la vía Weyler (capitán
general gore de Cuba que hizo independentistas a los cubanos)
de solución de conflictos políticos. A cambio, claro, de algo. El
Estado, como la UDEF, nunca hace nada por nada. Bueno. República Federal
de Gràcia. Paseo. (...)
Cola electoral. Un matrimonio habla con otro. El matrimonio a) ve la cosa como un triunfo. La señora no deja de decir que tiene “la pell de gallina",
ese ovíparo que, desde que fue domesticado en el Neolítico, no ha visto
reconocidos muchos derechos. La sensación es que para a) esto ya es la
pera, es el momento definitivo y sentimental de un proceso.
El
matrimonio b) opina que esto no es nada, pero que se tiene que hacer a
falta de otra cosa. Los b) hablan de recortes. No dicen las cifras
—7.000 millones, más otros 2.000 en los próximos—, pero explican a a)
que no molan. El matrimonio a) opina que la culpa es de Madrid.
El
matrimonio b) dice que hay chorizos en todas partes, y habla de los
Pujol. El matrimonio a) habla entonces de lo que comerán. Por lo visto,
a) y b) se van a comer. Y, no es chiste, comerán callos a la catalana.
Los callos a la catalana son como a la madrileña, pero sin chorizo. Esta
sociedad, en fin, está acostumbrada a no reconocer los chorizos de
cerca. (...)
Cola en otro colegio. Coincido con un grupo de
ancianos, llorosos, de los que salen por la tele diciendo que desde
pequeños querían votar una consulta cómo esta —pregunta: ¿dónde se
metieron desde el 77? ¿por qué votaron, posiblemente, lo contrario toda
la vida?—.
Al final de la cola, frente a la urna, hay una abuelita de
Gràcia. No aparece en el censo y está colapsando la cola. EL CNI pone
1.000 abuelitas de Gràcia en 1.000 colegios electorales y supondría la
primera victoria de la historia por guerra biológica. Por Twitter
percibo un micro-fenómeno. Personas que cuelgan las papeletas con las
que votarán. Son futuros votos nulos.
Algo irrelevante, por otra parte,
en una consulta que carece de sistema de recuento, en el que lo único
valorable será la participación. Hay algunas muy bellas. Un señor se ha
construido una papeleta en la que sale todo lo que quiere en un nuevo
Estado.
Ha marcado sí en las casillas “n Estat sense polítics corruptes”, y otro sí en “Un Estat sense problemas de nutrició infantil”.Lo
que me remite a pensar, otra vez, en el objeto que estoy viendo. Me
hago la pregunta del millón. ¿Esto es desbordamiento o, todo lo
contrario, canalización del descontento hacia un pacto? (...)
Y, posiblemente, esto es lo que he visto hoy. Un
desbordamiento. Es decir, algo que supera el punto de vista del Régimen.
Y que, por eso mismo, también es sensible de ser canalizado. Hoy
empezará la batalla por canalizarlo. Se inicia una batalla por la
interpretación de lo que ustedes y yo hemos visto, una batalla por
establecer el significado, el marco interpretativo del 9-N.
Supongo que la batalla por establecer el marco, por saber si hay ganado un Govern
o algo más amplio empezará en breve, en la primera rueda de prensa de
Mas, cuando celebre el 9-N como Cristiano Ronaldo celebra los goles de
penalti. Sobreactuando un mérito cuestionable." (
Guillem Martínez , El País, Barcelona
9 NOV 2014)
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