2.12.14

En España la insatisfacción con la política bate récords pero, a la vez, el interés por la política se ha disparado

" (...) Desde 2011, todos los barómetros apuntan una gran insatisfacción tanto hacia el Gobierno como hacia la oposición, la cual pasa a evolucionar en caída libre desde entonces.

 Hasta hace poco, el líder de la oposición, Pérez Rubalcaba, inspiraba menos confianza que el propio presidente del Gobierno. Además, existe la percepción de que, tutelados desde Europa, no hay margen para aplicar políticas económicas diferentes gobierne quien gobierne. El cortafuegos a la insatisfacción política que supone la alternancia ya no opera como en los 90. 

Mientras, el cuadro de desafección en España ha mutado. Todas las encuestas señalan que la insatisfacción con la política bate récords pero, a la vez, el interés por la política se ha disparado. 

Desde el 15-M hay un relato que parece calar: la crisis ha supuesto la quiebra de las expectativas de toda una generación, la cual no se siente representada. Esto, sumado a la rigidez de las organizaciones, que se han resistido a abrirse a la participación ciudadana, indica que los grandes partidos habían calculado mal el umbral de tolerancia de los votantes. 

Además, los estallidos de corrupción, casi concurrentes con la llegada de la crisis, se han sumado al cóctel. La corrupción no es nueva en nuestro país, pero los excesos de la burbuja inmobiliaria han pasado factura. Hay una menor tolerancia ante los escándalos y las diferentes redes de clientelismo se han empezado a descomponer. 

Ante estos factores, había condiciones estructurales que permitían la emergencia de un movimiento político anti-establishment en España. Había una ventana para emprendedores políticos con ambición. Esto finalmente ha cristalizado en Podemos que, lejos de ser un fenómeno transitorio, ha venido para quedarse.

 Podemos crece desde la centralidad de la izquierda, atrae votantes de mediana edad y atrapa esencialmente a socialistas desencantados, pero también a votantes de Izquierda Unida, votos protesta procedentes del centro y abstencionistas crónicos. Esto sugiere que nos movemos hacia un escenario tripolar a la italiana: con dos bloques a derecha e izquierda muy igualados con un Podemos claramente contrario a ambos.

 No sabemos si este partido podrá hacer sorpasso a alguno de los mayoritarios, pero está claro que recibe el aliento de corrientes de fondo que estaban en otros países cuyo sistema de partidos se desmoronó. (...)

A los partidos clásicos sólo les queda intentar minorar el golpe y ver si en el nuevo ciclo sabrán adaptarse al varapalo que les llega desde las urnas."       (Pablo Simón , El Mundo, 16/11/2014)

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