"(...) En un artículo reciente de Sonia Gonçalvez
se trata directamente la cuestión centrándose en los presupuestos
participativos en Brasil.
Estos presupuestos participativos, que ya
tenemos en algunos municipios españoles,
son mecanismos por los que los ciudadanos solicitan determinadas
inversiones o prioridades presupuestarias a los gobiernos municipales en
un proceso más o menos abierto. A todos nos suena la experiencia de Porto Alegre, pero hoy ya existe esta práctica en el 30% de los municipios de Brasil.
El argumento sobre sus posibles efectos benéficos podría venir por
dos vías. Por un lado, estos presupuestos participativos aumentarían el
flujo de información entre los ciudadanos y los políticos, de modo que
pueda haber un ajuste mejor entre los servicios que se ofertan y las
preferencias ciudadanas.
Por el otro lado, podrían estimular una
supervisión informada y más frecuente de los políticos, así como de sus
promesas, facilitando la implicación de grupos de interés o medios de
comunicación y mejorando la rendición de cuentas.
Para intentar contrastar si esto es así, Gonçalvez emplea una base de datos municipal tipo panel que cubre desde 1990 hasta 2004 y que incluye gran cantidad de variables temporales, políticas y económicas.(...)
Lo que ella encuentra es que los municipios que adoptaron
presupuestos participativos incrementaron el gasto en sanidad y
educación sistemáticamente más que aquellos que no lo hicieron – entre
20 y 30% de media.
Esto va en la línea con las preferencias que se los
ciudadanos expresaron en los encuentros sobre presupuestos
participativos. Además, estos resultados se mostraron independientes de
las preferencias electorales, el gasto per cápita o la disponibilidad
presupuestaria del municipio.
Más impresionante todavía es el efecto de esta política sobre los
resultados finales. Gonçalvez encontró que los municipios que adoptaron
estos presupuestos participativos registraron una caída de la mortalidad
infantil de 1 o 2 menores por cada 100.000 niños y entre el 5 y el 10%
de la mortalidad de todo el periodo.
Este hecho es sorprendente porque
se suele decir que la mortalidad infantil viene muy llevada por factores económicos, demográficos y tecnológicos que van más allá de las prioridades presupuestarias.
Por lo tanto, la evidencia de Gonçalvez apuntaría a que los
presupuestos participativos podrían reducir las asimetrías de
información y fomentar una fiscalización posterior más intensa. Por
supuesto, no sabemos si esta experiencia es perfectamente extrapolable ni tampoco soy experto en el tema para poder contrastarlo. Sin embargo, sí que me tomo la licencia de apuntar una intuición.
Los presupuestos participativos son un tipo de participación
municipal que deja espacio a la articulación de abajo-arriba y supone,
en cierta manera, una implicación personal con una política pública.
Esto tiene sentido que motive un círculo virtuoso en el sentido que se
ha señalado, con más fiscalización y participación.
Sin embargo parece que cuando la vía es la inversa y el municipio
recurre a la consulta u otras herramientas de participación directa sin
que haya una demanda previa podría ser más difícil que genere este efecto beatífico.
La participación directa pasa a ser un modo de refrendar políticas o
bien, con trámites de audiencia pública lo más disimulados posibles, de
cubrir el expediente sin daño político. (...)" (
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