"(...) Grecia vuelve a ser un foco de inestabilidad, lo cual confirma el
fracaso de la reestructuración de deuda aplicada en 2011. Recordemos que
sólo se aplicó sobre inversores privados, excluyendo a fondos europeos y
BCE, y fue seguida de un intenso plan de ajuste fiscal.
El resultado es
que, tres años después, Grecia tiene más deuda pública y externa que en
2011. El resto de economías periféricas, incluyendo España, también han
aumentado su deuda.
Los líderes europeos tienen una gran oportunidad para salir del estado
de negación de la realidad y aprobar un plan contundente, como hicieron a
finales de 2008 tras la quiebra de Lehman.
La primera pregunta que hay
que responder es ¿cuántos países queremos que sigan en el euro? Y la
segunda, ¿cuánto dinero están dispuestos a gastarse? El político que
venda a sus contribuyentes que una crisis de deuda sale gratis es que no
está resolviendo la crisis.
En Grecia la quita tendrá que ser elevada y
alguien tendrá que asumir las pérdidas. Si Grecia abandona el euro, el
contagio al resto de países por el Mediterráneo hasta España será
inmediato y los costes también serán muy elevados y difíciles de
cuantificar a priori.(...)
Rajoy debería abandonar la influencia alemana y posicionarse con
Francia e Italia. Europa necesita un plan Brady con eurobonos para
mutualizar deuda. Necesita un seguro de depósitos y un mecanismo de
resolución bancaria común. Necesita un seguro de desempleo común,
financiado por un impuesto de sociedades armonizado y cobrado por el
centro.
Y necesita un plan de inversiones, pero público, financiado con
eurobonos y que priorice el gasto en educación, políticas activas para
desempleo de larga duración y agenda digital. Y el BCE debe comprar esos
bonos hasta llegar a su objetivo de ampliar su balance un billón de
euros.
Europa lleva cinco años al borde del precipicio y en cualquier
momento alguien puede dar un paso al frente. El caos empezó en Grecia y
no habrá orden en la Eurozona hasta solucionar su tragedia.
La sociedad
griega ha superado el umbral del sufrimiento soportable y está a punto
de decir basta. El escenario más probable es no aprobar nada en la
Cumbre y esperar y ver cómo evolucionan los acontecimientos. (...)
Esperemos que los indicios de vida inteligente en Bruselas y Fráncfort se transformen en un plan de acción." (
José Carlos Díez , El País,
19 DIC 2014)
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