"En los cinco años que han transcurrido desde que empezó la crisis del
euro, la lucidez ha escaseado considerablemente. Pero esa falta de
claridad tiene que acabar ya.
Los últimos acontecimientos de Grecia suponen un desafío crucial para
Europa: ¿es capaz de dejar atrás los mitos y la moralización, y afrontar
la realidad de una forma que respete los valores esenciales del
continente?(...)
La pregunta sobre los valores cobra aún más fuerza cuando se tiene en
cuenta la razón por la que los acreedores de Grecia siguen teniendo
poder. Si se tratase solo de un problema de financiación pública, Grecia
podría declararse en quiebra sin más; no se le concederían más
préstamos, pero también dejaría de pagar las deudas que ahora tiene y su
liquidez mejoraría claramente.
El problema de Grecia, sin embargo, es la fragilidad de sus bancos,
que actualmente (como los bancos de toda la eurozona) tienen acceso al
crédito del Banco Central Europeo. Si se cierra ese crédito, el sistema
bancario griego probablemente se vendría abajo en medio del pánico
bancario. Por tanto, mientras siga en el euro, Grecia necesita de la
buena voluntad del banco central, que a su vez depende de la actitud de
Alemania y otros países acreedores.
Pero piensen en la forma en que eso influye en la negociación de la
deuda. ¿De verdad está Alemania dispuesta a decirle a otra democracia
europea comunitaria: “Paga, o destruiremos tu sistema bancario”?
Y piensen en lo que pasaría si el nuevo Gobierno griego —que, después de
todo, ha sido elegido por prometer que va a acabar con la austeridad—
no diese su brazo a torcer. Es muy probable que ese camino condujese a
una salida forzada de Grecia del euro, con consecuencias económicas y
políticas que podrían ser desastrosas para Europa en su conjunto. (...)
lo que hace falta es sencillo: dejar que Grecia tenga unos
superávits más pequeños, pero aun así positivos, lo cual mitigaría el
sufrimiento griego y permitiría al nuevo Gobierno proclamar su éxito,
con lo que se aplacarían las fuerzas antidemocráticas que aguardan entre
bastidores. Entretanto, el coste para los contribuyentes de los países
acreedores —que nunca van a recuperar el importe total de la deuda—
sería mínimo.
Sin embargo, para poder hacer lo correcto sería necesario que otros
europeos, los alemanes en concreto, se olvidasen de los mitos egoístas y
dejasen de sustituir el análisis por la moralización.
¿Podrán hacerlo? Pronto lo veremos." (
Paul Krugman , El País,
1 FEB 2015)
"El BCE corta el acceso a la liquidez a los bancos griegos.
El Banco Central Europeo (BCE) tensa la cuerda con Grecia. El Eurobanco entró este miércoles en la negociación entre Atenas y los socios europeos con una medida de enorme impacto: Fráncfort anunció pasadas las nueve de la noche que cortará el grifo de liquidez de la banca griega a partir del próximo miércoles ante las serias dificultades para cerrar con éxito el rescate actual y de acordar una extensión o un nuevo programa de ayuda.
Draghi aprieta pero no ahoga: permitirá a la banca griega una última válvula de escape, las líneas de financiación de emergencia para evitar el desastre. Pero esas líneas (conocidas como ELA) son más restrictivas y más caras que la ventanilla del BCE: la medida encarece de un plumazo los costes de financiación de las entidades helenas, y con ellas las del Estado griego.
Ni siquiera es descartable que intensifique la huida de capitales, según los analistas. En una jugada política de primera magnitud, Draghi obliga así al Gobierno de Alexis Tsipras a negociar a contrarreloj, ante la previsible presión del mercado (...)" ( Claudi Pérez , El País, Bruselas 4 FEB 2015)
"El BCE corta el acceso a la liquidez a los bancos griegos.
El Banco Central Europeo (BCE) tensa la cuerda con Grecia. El Eurobanco entró este miércoles en la negociación entre Atenas y los socios europeos con una medida de enorme impacto: Fráncfort anunció pasadas las nueve de la noche que cortará el grifo de liquidez de la banca griega a partir del próximo miércoles ante las serias dificultades para cerrar con éxito el rescate actual y de acordar una extensión o un nuevo programa de ayuda.
Draghi aprieta pero no ahoga: permitirá a la banca griega una última válvula de escape, las líneas de financiación de emergencia para evitar el desastre. Pero esas líneas (conocidas como ELA) son más restrictivas y más caras que la ventanilla del BCE: la medida encarece de un plumazo los costes de financiación de las entidades helenas, y con ellas las del Estado griego.
Ni siquiera es descartable que intensifique la huida de capitales, según los analistas. En una jugada política de primera magnitud, Draghi obliga así al Gobierno de Alexis Tsipras a negociar a contrarreloj, ante la previsible presión del mercado (...)" ( Claudi Pérez , El País, Bruselas 4 FEB 2015)
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