"¿La economía española ha dejado atrás la crisis? La contestación más
apropiada a esta pregunta es, sin paliativos, negativa. La mayoría de la
población ha visto cómo empeoraban en los últimos años sus condiciones
de vida y no está percibiendo una mejora sustancial en las mismas, a
pesar de las mil veces proclamada recuperación.
Los salarios han perdido
capacidad adquisitiva, ha aumentado la pobreza y la exclusión social,
la precariedad se ha generalizado y el desempleo se ha situado en cotas
históricas.
Estos son algunos de los trazos de un cuadro de fractura
social que amenaza con enquistarse… pese a que algunos indicadores
macroeconómicos han repuntado recientemente. (...)
En 2014, según Eurostat, el aumento de la producción, medido en tasa
anual, casi habría alcanzado el 1,15%, revirtiendo la tendencia negativa
de los dos ejercicios precedentes. Desde el tercer trimestre de 2013,
la economía española estaría instalada en registros de crecimiento
positivos y, si se cumplen las previsiones del Fondo Monetario
Internacional, los próximos años confirmarán una tendencia moderadamente
ascendente, si bien el crecimiento del 2%, porcentaje que se suele
tomar como referencia en la Europa comunitaria, sólo se alcanzaría en
2020.
Una primera e inevitable puntualización que nos ayuda a situar en su
justa medida la información estadística que, como acabamos de ver,
apunta a la reactivación de la economía española: el nivel de producción
alcanzado en 2014 todavía se encontraba por debajo del obtenido en 2007
en un 5%, ¡y han transcurrido siete años!
Considerando la evolución de
este y otros indicadores, algunos autores hablan de, como poco, una
década perdida. ¿Aplausos, euforia, regocijo? Pues no, no procede.
También ayuda a entender la situación actual saber que, tras un largo
periodo dominado por el bajo crecimiento o por la recesión, entra dentro
de lo normal que la economía recupere, al menos en parte, el pulso
perdido.
Las empresas que han quebrado o han reducido su volumen de
operaciones han liberado espacios y recursos que han aprovechado las que
han sobrevivido; la sistemática presión sobre los costes laborales ha
favorecido la recomposición de los márgenes empresariales; los grandes
deudores y acreedores han saneado sus balances y han reducido su grado
de exposición a la deuda pública; y la ocupación y sometimiento a la
lógica mercantil de los espacios públicos ha abierto nuevas
posibilidades de negocio.
Estos son algunos de los factores que han
contribuido al retorno del crecimiento económico.
¿Esto quiere decir que el crecimiento se asienta sobre bases sólidas?
¿Debemos concluir retomando el inicio del texto que la economía española
estaría dejando atrás la crisis?
La contestación a ambas cuestiones es,
en mi opinión, negativa. La gestión realizada por la troika comunitaria
y el gobierno español ha mermado de manera considerable el potencial de
crecimiento de nuestra economía. Ilustremos este crucial asunto con
varios ejemplos. La formación bruta de capital, medida como porcentaje
del PIB, ha caído entre 2007 y 2014 en unos catorce puntos porcentuales (...)
Añadamos a ese escenario la amenaza deflacionista que se cierne sobre
la economía española, la sequía de crédito que padecen empresas (sobre
todo pequeñas y medianas) y familias, y la fragilidad de la balanza
comercial, condicionada por la dependencia estructural de las
importaciones y la debilidad competitiva de las ventas exteriores.
Si, por último, reparamos en que las causas de fondo de la crisis
lejos de haberse resuelto o al menos encauzado se han agravado, tenemos
un panorama muy alejado de la optimista, y nada realista, visión de
nuestros gobernantes. (...)" (Fernando Luengo, Econonuestra, 14/03/2015)
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