"(...) La que fue una sociedad muy personal, de unas personas (Fernando
Martín y familia) avezadas en el trasiego de activos inmobiliarios
(solares, promociones, licencias, planes urbanísticos…), pretendió
convertirse en una gran compañía inmobiliaria, cotizada en Bolsa, con
ventas anuales de más de 10.000 viviendas amén de otros activos
inmobiliarios. Una gran compañía.
Para ello encontró un mirlo blanco, Fadesa, otra inmobiliaria del
boom nacida en Galicia y extendida por España y otros países. En aquel
momento el problema no era el dinero, los bancos estaban deseosos de
prestarlo a lo grande.
Algo más de 4.000 millones € le costó a Martinsa
engullir Fadesa, todo a base de crédito bancaria que se pagaría con
futuros ingresos. Caja Madrid y Bancaja estuvieron en la primera fila de
los financiadores.
Apenas había pasado un año (el 2008) y Martinsa-Fadesa entregaba sus
libros en el juzgado y proponía a sus acreedores una quita del 70% y una
espera hasta 2015 para recuperar el 30% residual. Alternativamente
ofrecía convertir los créditos en participaciones.
Eso sí, siempre
manteniendo la gestión en manos de los responsables de la compañía, bien
retribuidos y con bastante margen de maniobra para las decisiones.
Seis años y medio después, tras varias revisiones a la baja del
convenio de acreedores, la historia concluye con una liquidación forzosa
de la compañía cuyos activos sufren tanto deterioro como sus pasivos.
Una de las quiebras sobresalientes de la historia.
La cadena de despropósitos, ambiciones, irresponsabilidades y excesos
acumulados durante estos años son como reconstruir el caso y ponderar
los errores por si se pueden extraer conclusiones para evitar que vuelva
a suceder algo semejante. (...)
En el caso Martinsa-Fadesa se va a perder casi todo, con un
perjudicado principal: el contribuyente, una vez que el Estado a través
de distintos mecanismos ha asumido buena parte de los pasivos reducidos a
ceniza.
Siete mil millones volatilizados, una buena parte recursos públicos,
justifica una encuesta, explicaciones, y también exigencia de
responsabilidades." (Fernando González Urbaneja, República.com, 09/03/2015)
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