"EL acuerdo del 20 de febrero entre
Grecia y el Eurogrupo, que prolonga por cuatro meses el plan de ayuda de
la UE, del BCE y del FMI, ha evitado males mayores para todos los
europeos. Pero empieza a parecer un alto el fuego provisional muy débil
que puede romperse en cualquier momento.
Al acuerdo se había llegado con el
dramatismo mediático que caracteriza las negociaciones europeas. Y ha
sido, en general, presentado como una total derrota del nuevo gobierno
griego, que habría tenido que desdecirse de su fantasioso programa
electoral y plegarse a las exigencias de sus acreedores, sin obtener
nada a cambio. Por ello, resulta interesante analizar cuanto y en qué
han cedido las partes para llegar a ese acuerdo. (...)
La opinión pública alemana sigue estando
en contra de la ayuda a los países del sur. Según las últimas
encuestas, solo el 21 % de los alemanes aprueba esa extensión del plan
de ayuda a Grecia. Lo que explicaría la posición radical y el lenguaje
público anti-griego, que también merecería calificarse de “populista”,
del ministro de Hacienda alemán Schauble.
Durante el voto en el
Bundestag, que aprobó la extensión del plan por 542 votos a favor y 32
en contra, no se privó de acusar a los griegos de abusar de un Estado
del bienestar superior al de otros países europeos.
Quizás no sea el Sr. Schauble, que 15
años atrás tuvo que dimitir por estar involucrado en la financiación
ilegal de su partido, el más adecuado para dar lecciones de moral.
Aunque ya sabemos que, visto lo visto, esos pecadillos no se sancionan
demasiado en las laboriosas y responsables democracias europeas.
Y
puestos a comentar los ataques personales, no tiene mucho sentido
criticar los supuestos desacuerdos de la pareja Tsipras/Varoufakis,
cuando Schauble y su colega de Economía, el socialdemócrata Gabriel, han
discrepado públicamente, el uno declarando inaceptable el plan griego
mientras el otro lo consideraba una buena base de discusión. Gabriel ha
recordado que desde la crisis el gasto público en Grecia ha disminuido
un 24 %, y se preguntaba qué habría pasado si ello hubiese ocurrido en
Alemania.
Parece que al final ha sido la propia
Canciller Merkel la que ha pasado por encima de la obstinación de su
ministro de Hacienda para que el acuerdo se pudiese firmar. Sin ello, se
habría provocado una salida desordenada de Grecia del euro que hubiese
costado muy cara precisamente a esos países que más parecen haberse
opuesto al acuerdo.
En Grecia la gran mayoría no quiere
salir del euro, quizás porque son conscientes de los costes que tendría.
Puede que los costes de quedarse sean todavía mayores y que al final no
les quede mas remedio que salir, como Giscard d’Estaing les recomendaba
públicamente.
Pero Tsipras no fue elegido para salir del euro, sino
para conseguir unas condiciones que les permitan quedarse sin que la
exagerada austeridad no sea una medicina mortal para su economía y su
sociedad. Y eso, en mi opinión, lo puede conseguir mejor la rompedora
pareja Tsipras/Varoufakis que el sumiso Samaras. (...)
La batalla de cifras, conceptos, imágenes y valores, que de todo hay en
la interpretación del acuerdo, muestra que de lo que se trataba no era
solo de un problema entre deudores y acreedores, sino también ò incluso
más, del crédito político de Syriza entre sus electores griegos y de los
partidos llamados “populistas” o de izquierda radical, entre los
electores europeos. (...)
Cierto que si se compara el programa
electoral de Syriza y las reformas que el gobierno griego propuso al
Eurogrupo para llegar a un acuerdo, la diferencia es enorme. Como, por
cierto, enormes son las diferencias entre la situación económica de
Grecia, según la estimaba optimistamente la “troika” en el Memorandum of
Understanding (MoU) que fijaba las condiciones del rescate, y la penosa
situación actual. Y no será la primera vez que un gobierno se hace
elegir con un programa inaplicable…
Y en todo caso no es el Sr Rajoy, el
más adecuado para reprochárselo. Recuerden sus promesas de no subir el
IVA ni los demás impuestos, no financiar con dinero público los bancos
en crisis, no recortar la sanidad ni la educación, etc…O veamos lo que
le ha ocurrido al gobierno francés con su promesa de invertir la curva
de un paro que no deja de crecer.
Pero a pesar de todas las dificultades y
de una huida de depósitos bancarios que no le dejaban margen de
maniobra, el acuerdo no es, como se ha presentado, una rendición. Ya no
se fija un objetivo cuantificado del 3 % este año y del 4,5 % para el
próximo para el superávit primario (antes del pago de intereses) como
exigía Schauble, y solo se habla de un superávit “apropiado” que tenga
en cuenta las “circunstancias económicas”, es decir de la situación real
de la economía griega.
Una ambigüedad calculada que abre un margen de
maniobra. Donde Samaras estaba al pie del muro, Tsipras ha ganado
tiempo. Y las medidas de ayuda a los griegos más pobres, a las familias
sin calefacción (300.000 no tienen electricidad), la distribución de
cupones de alimentos, y ayudas al alquiler, también se han salvado,
aunque tengan que tener un impacto presupuestario neutro.
El nuevo gobierno griego se compromete a no cuestionar las
privatizaciones ya efectuadas ò en curso. El incremento del salario
mínimo se retrasa sin fecha. Pero se restablecen las negociaciones
colectivas, que se habían suprimido progresivamente durante la crisis.
Y
no hay rastro en el documento firmado de las nuevas medidas de
austeridad que se habían exigido a Samaras a finales del 2014, lo que
fue una buena manera de ayudarle a perder las elecciones….Al menos de
esa vuelta de tuerca adicional en las medidas de austeridad, ya no se
habla. (...)
Las espadas siguen pues en alto. Pero
Tsipras ha ganado tiempo, un tiempo precioso, y esperemos que también se
haya acabado la retirada de depósitos de los bancos griegos, que es el
verdadero talón de Aquiles de su gobierno. Eso dependerá de la actitud
del BCE, que de momento ha relajado las restricciones en el suministro
de liquidez a la banca griega, pero no comprará deuda pública
griega dentro de su recién estrenado QE hasta julio/agosto.
Políticamente, tampoco es despreciable
para la opinión pública griega, que su gobierno haya recuperado un
cierto control en el planteamiento de las reformas que debe acometer.
Vuelve a ser un sujeto activo para el futuro de su país y ha dejado de
parecer como la victima pasiva de una troika todopoderosa. Por algo será
que el apoyo a Tsipras ha aumentado hasta el 75 %, el doble casi del
porcentaje del voto que obtuvo en las elecciones.
Desde una perspectiva más amplia, el
acuerdo es otro símbolo de un cierto cambio en el enfoque de la política
económica en Europa. La austeridad mortífera como la forma de resolver
los déficits públicos empieza a retroceder en Europa. Los que han
combatido esos excesos de austeridad no deberían criticar en exceso los
resultados obtenidos por Grecia en una desigual negociación con
Bruselas-Berlín. (...)
Cierto que desde el inicio de la crisis en el 2010, Grecia ha recibido
prestamos internacionales por valor de 227.000 M€, el equivalente de su
PIB del año 2010. (...)
Pero hay que preguntarse también para
que ha servido esa ayuda. En realidad ha servido solo para cambiar la
titularidad de los acreedores de Grecia. Antes eran los bancos privados y
ahora son los gobiernos. Los bancos, fundamentalmente franceses y
alemanes se han desprendido del stock de Deuda griega que tenían
(imprudentemente) en sus balances y esta ha pasado a manos de los
gobiernos europeos, que son los nuevos acreedores de Grecia.
Si algo va
mal, antes hubieran sido los accionistas de esos bancos privados los que
hubieran sufrido perdidas. Ahora serían los contribuyentes de los demás
países europeos. Hemos socializado el riesgo de la Deuda griega,
liberando de ese riesgo a quien lo asumió.
De manera que más que ayudar a Grecia
hemos salvado a sus bancos acreedores. Los gobiernos europeos han
salvado a Grecia de la quiebra, pero no han mejorado su posición
deudora, al contario, como consecuencia de la recesión, ha empeorado.
La
quiebra de Grecia hubiera significado un duro golpe para la banca
europea. Y eso es lo que los planes de ayuda a Grecia han evitado, a
costa de que ahora el riesgo ya no es de los accionistas de esos bancos
sino de los contribuyentes
Todo lo ocurrido es parte de una larga
historia de malentendidos entre Grecia y Europa que dura desde la caída
del régimen de los coroneles en 1974. Grecia era entonces un país pobre y
corrompido, muy alejado del nivel económico e institucional de la
Europa de los 9 países que formaban entonces el Mercado Común. A pesar
de eso se le admite porque, como decía el mismo Giscard d’Estaing, “on ne ferme pas la porte a Platon”.
Ocurrió lo mismo con el euro. Con la
desaparición del dracma, empezó, como en España, un periodo de dinero
fácil, capitales abundantes y bajos tipos de interés. Con Juegos
Olímpicos y cuentas trucadas.
Europa cierra los ojos y no se entera de
nada. Alguna responsabilidad debe tener alguien en esa falta de
vigilancia. Hasta que en el 2009 llega la crisis económica y salta la
liebre de los 350.000 millones de Deuda acumulada por un país insolvente
al que se le diagnostica un problema de liquidez.
Entonces Grecia se convierte en un
problema, o peor un peligro, para el euro. Y en eso seguimos. Los
griegos son responsables de sus propios errores, que son muchos. Pero no
de los defectos del diseño institucional del euro. Ni de los
equivocados diagnósticos de la crisis. Europa no les puede proponer como
único futuro una penitencia sin fin." (Josep Borrell, 'Atenas, entre Bruselas, Berlín y Madrid'. Economistas frente a la crisis, 16/03/2015)
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