"Como era predecible, el establishment político-mediático español
(incluyendo el catalán) ha presentado lo ocurrido en Grecia y en las
negociaciones con la Troika, con el Eurogrupo y con el Consejo Europeo
como un completo fracaso del gobierno Syriza, que en el colmo de su
supuesta incompetencia sometió a su pueblo a un gran sacrificio, el
corralito, y a un referéndum que, además de ser inapropiado, tuvo un
impacto contrario al que pretendía, pues en lugar de conseguir mayores
concesiones de las instituciones europeas, estas endurecieron sus
posturas, exigiendo incluso mayores sacrificios de los que ya habían
ofrecido antes de conocerse el resultado del referéndum.
Ha sido, pues,
un desastre producto de la incompetencia del gobierno Syriza. El nivel
de hostilidad de este establishment político-mediático español
(incluyendo el catalán) -que también apareció con igual intensidad en
los mayores medios de información alemanes- alcanzó unos niveles nunca
antes vistos en contra de un gobierno europeo.
Las medidas impuestas por
el establishment financiero europeo (hegemonizado por el alemán) –y sus
instrumentos políticos (la Troika, el Eurogrupo y el Consejo Europeo)–
intentaban humillar al pueblo griego, que ha sido el único que, a través
de su gobierno, se ha rebelado contra el austericidio forzado por aquel
establishment financiero.
Esta humillación se presentaba al público con
satisfacción y regodeo por parte de los mayores medios de información,
que alcanzaban lo que algunos humoristas estadounidenses han definido
sarcásticamente como un “orgasmo mediático”. Nunca tanto odio se había
expresado en tales medios con tanto placer para el que lo transmite, y
tanto dolor para el que lo recibe. (...)
A fin de conseguir este objetivo, el
establishment que gobierna la Eurozona, liderado por el alemán, siguió
paso por paso su plan de destrucción, iniciándose este solo horas
después de la victoria electoral del partido Syriza, cuando el Banco
Central Europeo, el BCE, limitó la liquidez a los bancos griegos (es
decir, disminuyó drásticamente el dinero transferido a estos), lo que
fue seguido por un notable estrangulamiento (días antes de que se
celebrara el referéndum donde se iba a pedir al pueblo griego su acuerdo
o desacuerdo con las medidas impuestas por las instituciones europeas),
forzando al gobierno Syriza a introducir el altamente impopular
corralito, con la intención de atemorizar al pueblo griego y mostrar las
consecuencias de que este votara en contra de lo que deseaban aquellas
instituciones.
Y después del referéndum, el BCE continuó limitando la
liquidez, amenazando con interrumpirla en cualquier momento, creando así
una parálisis bancaria al país. En cada uno de estos pasos, el BCE
utilizó todo su armamento financiero de destrucción masiva para
presionar al gobierno Syriza.
Tales medidas tendrían que haber generado
una gran protesta en la Eurozona, pues el BCE se estaba atribuyendo
funciones que no tenía. Ante estos actos ilegales y canallescos (no hay
otra manera de definirlo), el pueblo griego realizó un enorme acto de
valentía y coraje al votar mayoritariamente en contra del establishment
político-mediático europeo, sabiendo lo que ello podría significar.
La respuesta de las élites gobernantes
en la Eurozona al rechazo de sus propuestas fue incrementar aún más su
hostilidad, exigiendo medidas que convertían a Grecia en un
“protectorado” de la Troika, recuperando la fórmula política imperial
que había dejado de existir desde el periodo de descolonización que
siguió a la II Guerra Mundial.
Una de las medidas más humillantes y
difíciles de aceptar para el gobierno Syriza fue que Grecia tendría que
venderse el equivalente a 50.000 millones de euros en propiedades
públicas y ponerlos aparte en un fondo supervisado por la Troika, con el
fin de pagar a los acreedores.
Estos son los Estados de la Eurozona,
que habían comprado la deuda pública griega que tenían los bancos
privados (predominantemente alemanes y franceses), los cuales la habían
obtenido a unos intereses desorbitados y escandalosamente altos (debido
en parte al hecho de que el BCE –que es un lobby de la banca- no tenía
como función proteger a los Estados, como hace cualquier banco central
digno de su nombre, ayudando en su lugar a la banca privada).
El BCE, en
lugar de ayudar a los Estados de la Eurozona prestándoles dinero, lo
que hacía era prestar dinero a unos intereses ridículamente bajos a los
bancos privados para que estos se lo prestaran a los Estados a unos
intereses elevadísimos, que en el caso de Grecia alcanzaron unos niveles
escandalosamente altos, una de las causas de que la deuda pública
griega sea tan elevada.
Cuando estos bancos privados, que se
habían enriquecido enormemente a base de comprar bonos del Estado
griego, sumamente rentables, vieron que el Estado griego podría colapsar
y no pagarles los intereses, e incluso perder el principal de la deuda
(es decir, los bonos públicos, generadores de renta), pidieron a los
Estados que les compraran su deuda, evitando así el colapso de los
bancos, y ello a costa de que los Estados fueran ahora los que tenían
los bonos públicos, compra (en realidad, el mejor término es rescate
bancario) que los Estados hicieron sin que tuvieran ningún mandato
popular para ello, pues salvar a los bancos no estaba en la oferta
electoral de ninguno de los partidos gobernantes. Y su población tampoco
fue llamada a referéndum para preguntárselo.
La gran mentira y falsedad
promovida en los medios era presentar esta compra de bonos públicos
griegos (que se habían adquirido en condiciones abusivas) como la ayuda
de los pueblos de la Eurozona al pueblo griego. En realidad, era la
ayuda de las élites gobernantes, próximas al capital financiero, a sus
bancos. De ayuda a Grecia no había nada. Y ahora, en las negociaciones
querían que Grecia les pagara la deuda, utilizando todo tipo de
presiones para conseguirlo. (...)
Leer la prensa alemana o española da
idea del extremo hasta el que tal establishment es capaz de manipular
para dividir a las clases populares, estimulando su movilización a favor
suyo y en defensa del establishment financiero.
Oír al Ministro Guindos
(el mismo exbanquero de la banca más tramposa que haya existido, la
Lehman Brothers) decir que el gobierno Syriza tiene que devolver el
dinero a España para que se puedan mejorar las pensiones, alcanza
dimensiones vomitivas. Las clases populares griegas y las españolas
vivirían mucho mejor si ambos países hubieran podido nacionalizar o
intervenir la banca privada y ponerla al servicio de sus clases
populares.
Pero lo que alcanzó unos niveles nunca
antes vistos fue la exigencia de los 50.000 millones de euros, extraídos
de la venta de propiedad pública griega, que deberían ser pagados por
el Estado griego a los acreedores.
Con ello, además de los recortes y de
la austeridad, se añadía un latrocinio al pueblo griego, robándole el
equivalente a un 17% del PIB griego para pagar el rescate a los bancos
por parte de los Estados. En cuanto a las medidas de austeridad, estas
se incrementaron, con lo cual el descenso del PIB (que ha sido de un 25%
en cinco años) aumentaría todavía más (se calcula que un 5% más).
¿Por qué Syriza aceptó estas demandas?
La enorme negatividad contra Syriza que
apareció en los medios ocultaba que el gobierno griego tenía muy poco
espacio para poder responder a esta belicosa hostilidad. Y a pesar de
ello, es notable lo que también consiguió, cosa que naturalmente y
predeciblemente no salió en los medios.
El hecho de que el rechazo a
tales medidas impuestas por la Troika alcanzara un nivel tan elevado (un
62%), le permitió conseguir un grado de unidad en su país impensable
antes del referéndum, de manera que las propuestas hechas después del
referéndum eran firmadas por la gran mayoría de partidos, además de
Syriza.
Esto fue lo que originó cambios, incluido el que, en lugar de
continuar discutiendo el segundo rescate aprobado por el gobierno
anterior, se discutiera ahora un nuevo rescate, de una cantidad mucho
mayor, que podría alcanzar 80.000 millones, con una promesa de iniciar
el proceso de reestructuración de la deuda griega, aun cuando no se
especificaran las condiciones.
Otras medidas también importantes que se
consiguieron fueron la disminución de la exigencia a Grecia de tener un
superávit primario en las cuentas del Estado (es decir, tener un
balance positivo entre los ingresos y los gastos, sin incluir los gastos
para pagar los intereses de la deuda) que fuera equivalente a un 4% del
PIB, utilizando este superávit para pagar la deuda, lo cual hubiera
causado un colapso de la economía griega.
Syriza consiguió que el
superávit fuera equivalente a un 1% del PIB el primer año, un 2% el
segundo año, y un 3% en el tercer año, exigencias que también serían
perjudiciales para Grecia, pues aun cuando no crearían un colapso,
impedirían su recuperación. El gran problema fue que Syriza consiguió
mejoras, pero dentro del marco definido ya en el rescate anterior.
Y
este era el punto flaco del nuevo rescate que entraba en clara
contradicción con lo que el pueblo griego había votado. De ahí que lo
que se le ofrecía a Grecia por parte de las instituciones europeas era
más de lo mismo.
El poder de Syriza en las negociaciones estaba muy limitado por las
condiciones que se daban a los dos lados de la mesa negociadora. Y una
constante por parte de Syriza era su deseo, reflejando lo que deseaba la
gran mayoría del pueblo griego, de mantenerse en la Eurozona. Esta era
una condición sine que non.
Se consideró, desde el principio de su
mandato, que la salida del euro por parte de Grecia no era ni posible ni
aconsejable. El mismo por entonces Ministro de Finanzas, el Sr. Yanis
Varoufakis, había indicado en The Guardian que “la salida de Grecia del
euro, creando una nueva moneda, sería dificilísima.
En Irak la
introducción de una nueva moneda duró casi un año, con el desarrollo de
una enorme infraestructura que no existe en Grecia. De ahí que el
anuncio de la salida de Grecia del euro sería equivalente a anunciar una
devaluación de la moneda con 18 meses de antelación. Sería una receta
para eliminar todo el capital, que abandonaría el país por todos los
medios”. (...)
Lo ocurrido en estos días tendrá un enorme impacto en la Eurozona.
Europa nunca será a partir de ahora como fue antes. La Europa punto de
referencia mundial para aquellos que desean vivir en países democráticos
y justos, ha desaparecido. El rechazo hacia esta Europa neoliberal,
antidemocrática y reaccionaria, al servicio del capital financiero, se
está extendiendo a lo largo de su territorio, y se ha creado una nueva
situación que abre toda una serie de oportunidades. (...)
Lo ocurrido ha reabierto heridas que se creían cerradas. Hoy al gobierno
alemán, aliado con los establishments financieros en cada país, se le
ve como el centro de un poder que es profundamente antidemocrático y
antisocial. Existe una alianza de las élites gobernantes en la Eurozona,
las castas que representan los intereses económicos y financieros
dominantes, que no tiene límite en su hostilidad hacia las clases
populares y el mundo de trabajo de cada país, incluyendo el griego. Es,
repito, lo que Noam Chomsky ha definido acertadamente como la guerra de
clases. (...)
Hoy en Grecia no hemos visto el fin, sino el inicio de un proceso de
cambio que impactará a toda Europa, ayudando a todas las fuerzas en este
continente que se oponen al enorme austericidio que se ha estado
imponiendo y que ha hecho tanto daño al pueblo griego y al español."
(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 16 de julio de 2015, en www.vnavarro.org, 16/07/2015)
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