"En febrero pasado, Alexis Tsipras, el hombre nuevo de la política
europea, con su victoria electoral recientemente obtenida, hizo, junto
con el nuevo ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, una visita oficial a
Roma, elegida como exordio en la arena europea en vistas de la
negociación sobre la deuda griega.
“[Renzi] afirma que no formará ningún eje con Grecia, aunque al final
lo hará. Se verá obligado a formar un eje con Grecia, pero mientras
tanto trata de tranquilizar. En cualquier caso, la situación está clara:
la victoria griega es el principio de un ciclo que pone fin a la
austeridad y no se puede no tenerlo en cuenta. Alemania, por su parte,
ha comenzado su declive. Y esto hay que sopesarlo también”.
La situación también parecía clara en Bruselas, ya que en cuanto se
anunció la visita de Tsipras a Roma, Jean-Claude Juncker advirtió a
Renzi: “La cancelación de la deuda griega está fuera de discusión. Los
demás países de la zona euro no la aceptarían”, declaró en una
entrevista a Le Figaro. (...)
Renzi: “Tenemos la misma edad pero provenimos de experiencias
diferentes y pertenecemos a familias políticas diferentes. Pero
compartimos la idea de restituir a la política la posibilidad de cambiar
las cosas. Queremos echar una mano a Grecia”.
Cuando el 21 de febrero se alcanzó el acuerdo para la ampliación de
cuatro meses del programa de ayudas, parecía que el eje se estuviera
consolidando. El Gobierno italiano subrayó en la prensa el papel jugado
por Italia en la mediación. “De cremallera”, aclaró Renzi. (...)
Ahora sabemos que esos cuatro meses han sido inútiles. Las posiciones
rigoristas se han endurecido. Revisarlas querría decir volver a
discutir desde sus pilares las políticas anticrisis de la Unión Europea,
rechazar los dogmas del equilibrio presupuestario, suspender la
práctica de la socialización de las pérdidas frente a la privatización
de los beneficios. El referéndum despeja el campo de coartadas, poniendo
en evidencia el enfrentamiento.
Dejarse ver al lado de Tsipras ya no es conveniente. Habría sido
comprensible si Renzi hubiera elegido un perfil bajo. Es menos
comprensible que haya decidido atacar a Tsipras de una manera tan dura
al socaire de un momento tan delicado como era el del referéndum. (...)
Renzi adopta la propaganda de los ortodoxos sobre el referéndum. Y
explica mejor su posición en una entrevista concedida un día después a Il Sole 24 ore:
“Si gana el no, Grecia se encaminará, en mi opinión, a salir del euro.
Volverá al dracma. Y sería una desgracia, sobre todo para los griegos”.
“Pero, llegados a este punto, son ellos los que tienen que decidir:
que los líderes europeos respeten la voluntad de Atenas, sin
entrometerse”, explica el exalcalde de Florencia al director de la misma
publicación, Roberto Napoletano. (...)
¿Por qué escenifica Renzi de forma tan teatral su adhesión a las
tesis de los partidarios del rigor? ¿Por miedo o por sumisión? Sin duda
alguna, porque piensa que puede jugar en el campo de los adversarios
para conseguir el consenso. Es así como funciona el instinto del
italiano indulgente consigo mismo y severo con los demás.
Atenas no se esperaba esta bomba. (...)
Yanis Varoufakis, en una entrevista en el Huffington Post Italia:
“Una de las cosas que más ha decepcionado, a mí y a muchas otras
personas aquí en Grecia, ha sido la posición que adoptó Matteo Renzi el
día antes del referéndum. Abrazó esa vergonzosa amenaza lanzada por
Europa, en razón de la cual si los griegos votaban no habrían elegido el
adiós al euro. No debería haberlo hecho. Una posición de ese tipo, tan
dura, podía tomarla Alemania, pero no un país como Italia que todavía
sigue afrontando una crisis”. (...)
El jefe del Gobierno de Roma conoce bien el escenario europeo.
Europa, arrastrada por Alemania, no discute sus dogmas económicos.
Francia, debilitada por una década de errores cometidos en los
escenarios internacionales, con un Gobierno perdido en la
persecución de las consignas de la derecha, representa a la perfesocialista cción
el dramático espectáculo de las socialdemocracias europeas desorientadas
ante “la cita con la historia”.
Sus Gobiernos dependen mucho de las buenas palabras de los socios
europeos. El último que ha entrado en el PSE, el Partido Democrático de
Renzi, aunque sea el representante más fuerte del grupo, no puede
ejercer ningún liderazgo en un cuerpo deshilachado, incapaz de tener una
visión propia y sometido a las proclamas neoliberales. ¿Qué visión
propia tiene el PD? (...)
El problema son los compromisos europeos: “¿Se pueden poner en
discusión por los plebiscitos populares, qué hará Podemos en España o
Marine Le Pen en Francia?”.
Renzi, aunque en negativo, pone el punto sobre las íes: todos los
socios están unidos entre ellos como las fichas de un dominó.
Pero el
interés de Italia reside precisamente en reexaminar esos vínculos. Y en
evitar la salida de Grecia e imponer la idea de que el euro no es
irreversible. Es lo que interesa a todos los países que superan el 60%
respecto a la relación deuda-PIB: España, Portugal y Francia. (...)
Atenas y Roma no rompen sus relaciones, son demasiados los intereses que
tienen en común, pero no parece que se den las condiciones para formar
un equipo. Renzi busca un parapeto en Europa. Francia e Italia se toman
su tiempo incluso en espera de ver lo que pasará en España. Un
continente obligado a estar unido y tan poco capaz de conseguirlo ha
descubierto con el referéndum griego cómo las decisiones de un pueblo
nos conciernen a todos. Las próximas citas de la democracia europea
serán las elecciones portuguesas y españolas." (Ettore Siniscalchi , CTXT, 11/07/2015, [Leer original en italiano]
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