"El caos financiero que algunos predijeron ha comenzado en la cuna de la civilización y de la democracia.
Allí donde el experimento del modelo de rescate vejatorio para la
población e ineficiente para la economía productiva, ha hecho saltar por
los aires toda la arquitectura financiera, pero también política de la
UE.
Es sabido que Grecia no es ninguna amenaza para la economía europea, ni por supuesto para los mercados financieros, pero hoy el miedo se ha apoderado de los inversores,
y de nuevo, se plasma el gran cáncer de la economía internacional: solo
importan los mercados. Ni la economía, ni la población, ni el derecho a
decidir por parte de la población es relevante en un contexto de
financiarización global.
La pregunta que surge es clara, si Grecia apenas afectaría a la
economía europea e internacional, ¿por qué este miedo atávico a la
consulta popular? La respuesta es relativamente sencilla. Grecia es un
país que estratégicamente es clave para las grandes potencias, máxime en
un momento tan delicado en materia militar en la UE respecto a la
posición rusa.
Si esto es así, si el miedo es que Rusia, o incluso
China, se instalen militarmente en territorio griego, todo el discurso
de la deuda, de las pensiones griegas o la subida del IVA es papel
mojado y tiene el objetivo de distraer la atención hacia un terreno
menos pantanoso.
La realidad griega era conocida por la UE antes de que Syriza entrara en el gobierno. Durante décadas el país ha sido esquilmado económicamente por dos grandes familias corruptas: Karamanlis y Papandreu,
muy queridas en Bruselas y por los dos grandes partidos europeos.
El
status quo era claro: ahora robas tú, y luego me toca a mí. El resultado
es el conocido. Un país sin capacidad de recaudación de impuestos, sin
apenas industria, con un gasto militar sobredimensionado y con un
volumen de deuda inmanejable e impagable, fruto, en muchos casos, de
jugosos contratos militares con empresas francesas y alemanas.
Con este bagaje, el gobierno de Syriza entró a gobernar, sabiendo que
tenía a todo el arco parlamentario europeo en contra de unas medidas
que, por impopulares, eran absolutamente necesarias en este momento. Una
quita de deuda y el establecimiento de férreos controles de capitales,
como hizo Islandia, aliviarían las depauperadas arcas públicas y
liberarían renta para poder ir reconstruyendo un país, que se ha
demostrado fallido, gracias al beneplácito de la UE.
Los que hoy se escandalizan, como Dragui o Samarás,
son cómplices de la situación que vive Grecia y que puede ser el
detonante de un proceso que podría salpicar a otros países aparentemente
menos dañados, como España o Portugal, pero que en silencio, sufren de
los mismos males: un sobreendeudamiento inducido por la gran banca
europea, que ha recibido una ayuda inestimable de los ciudadanos
europeos para cerrar sus gaps de capital, mientras sus gestores se han marchado con grandes indemnizaciones. (...)
Si la política monetaria es ineficiente en una situación de trampa de
liquidez, como es la actual, solo la política fiscal, la restricción de
movimientos de capital y quitas selectivas y ordenadas de deuda, como
explica muy bien Richard Koo, pueden ser algunas de las medidas a implementar.
Llegados a este punto, con la economía griega en colapso, y sin nada
que perder, las autoridades europeas, y especialmente los acreedores,
que son los que dirigen las operaciones políticas, tienen que empezar a
pensar que ya no se puede seguir siendo tan prepotentes y que en este
contexto hay que ceder una parte del pastel para poder salvar algo de la
deuda griega.
No hay que olvidar que la propuesta europea solo buscaba
hundir algo más la economía griega para que pudiera pagar sus deudas, el
resto les da igual. Aplicar ahora una subida salvaje del IVA, reducir
las prestaciones públicas y condenar a miles de ciudadanos a la miseria
para salvar a los bancos europeos y a las instituciones multilaterales,
no cabe en ninguna lógica económica.
El espejo de Islandia hoy viene muy bien para ver cómo un pequeño
país, con un peso no muy diferente al de Grecia, ha podido vencer la
maldición del modelo neoclásico de gestión de crisis bancarias. Impago
de una parte de la deuda, control de capital, ayuda internacional,
fomento de la industria y una transformación económica, desde lo
financiero a lo productivo, son algunas ideas para los gestores
políticos europeos. Lástima que no haya una voluntad de refirmar de
verdad la arquitectura económica mundial.(...)
En resumen, los mercados financieros están sufriendo su propia medicina.
Cuando se tensa tanto la cuerda de la situación límite de la población,
salta por algún lado. Alguien, como Obama, ya está pidiendo una quita
de deuda.
Este es el camino para volver a la lógica histórica: ninguna
crisis de deuda se salda sin reestructuración del pasivo. Aprendamos de
la historia y dejemos caer, si es necesario, a los bancos tóxicos.
Siempre sale el sol con posterioridad." (Alejandro inurrieta, Cuarto Poder, 29/06/2015)
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