10.9.15

Cuando los votantes suecos rechazaron el euro, a pesar de la abrumadora insistencia de la élite en que sería un terrible error. Pero la élite se equivocaba

"(...) En primer lugar, descubrimos que incluso países relativamente pequeños y estrechamente ligados a vecinos grandes pueden mantener la independencia monetaria.
En Europa se oye a menudo la afirmación de que estar fuera del euro y optar por conservar o recuperar la moneda nacional sería desastroso. 

 Hace 12 años, cuando los votantes suecos rechazaron el euro, lo hicieron a pesar de la abrumadora insistencia de la élite en que sería un terrible error. Pero la élite se equivocaba, y eso debería haber quedado de manifiesto con el ejemplo de Canadá, un país al que le ha ido bien, y que ha conservado mucha autonomía monetaria, a pesar de sus estrechos lazos con la superpotencia vecina.

En segundo lugar, descubrimos que lo que los de la derecha denominan “degradación” monetaria —un descenso en el valor de la moneda en comparación con otras— puede ser muy bueno. 

Canadá logró combinar los recortes en gastos con un fuerte crecimiento en la década de 1990 porque sus exportaciones aumentaron gracias a la depreciación del dólar canadiense. Australia superó la crisis financiera asiática en 1997-1998 con pocos daños gracias en gran medida a la caída de su dólar. 

En ambos casos, les habría ido muy mal si hubiesen usado dólares estadounidenses, o peor aún de haber estado en el patrón oro.

En tercer lugar, descubrimos que se presta demasiada atención a la función que las divisas nacionales desempeñan en el sistema monetario internacional. (...)

El dólar australiano no desempeña ninguna función especial en el sistema monetario mundial y, sin embargo, Australia atrae de manera constante entradas de capitales mayores —y ha soportado déficits comerciales proporcionalmente mayores— en relación con el tamaño de su economía que Estados Unidos.

Resulta que, lo importante, tanto para los capitales como para el comercio, es si la economía ofrece buenas oportunidades de inversión bajo un paraguas de estabilidad jurídica y política. El hecho de que el país controle o no una moneda internacional es, en comparación, una cuestión trivial.

De modo que podemos aprender mucho siguiendo los dólares, todos los dólares, no solo los que llevan retratos de presidentes muertos. Y lo que aprendemos en concreto es que la economía monetaria debería abordarse de manera pragmática, no en función de misteriosas nociones de valor."               (   , El País 6 SEP 2015)

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