"El mercado bursátil de China sigue a la baja coronando la mayor caída del índice de referencia desde 2008 y contagiando a las bolsas mundiales de manera escalofriante.
Si bien parte de este descenso es el resultado de valores inflados que
se hicieron insostenibles, la fuerza de la turbulencia va más allá de
unos mercados que quieren poner los precios en orden.
La caída
simultánea en el precio de los activos bursátiles es el reflejo de que
nos dirigimos a una desaceleración global. Lo que se derrumba es todo el
sistema financiero ponzi que esclavizó a la economía y la forzó a
depender de la deuda. Ahora que el gobierno chino decidió abandonar la
compra de acciones a gran escala para impulsar el mercado de valores, la
implosión se propaga a todos los mercados, como lo sufren desde el Ibex35 al Dow Jones. (...)
Esta vez será diferente al crash bursátil de 2008 porque los bancos
centrales se quedaron sin municiones para contraatacar y desafiar a los
"casinos financieros", aunque en verdad es todo el sistema financiero
ponzi el que comienza su declive.
Un sistema que se encuentra en estado
de shock desde hace ocho años y ha sido mantenido a flote en el
respiradero artificial del dinero barato. Sin embargo, lo más
preocupante es que esta vez no habrá una locomotora de relevo, como planteabamos en 2008 con la teoría del desaclope
Tras la crisis de 2008 China se comportó como la locomotora de relevo
haciendo que la economía mundial continuara en funcionamiento con todos
sus vicios, es decir, creando e inflando burbujas financieras. Esto fue
posible dada la pujanza del gigante asiático que creció durante tres
décadas a tasas de dos dígitos, y permitió mantener la euforia a los
mercados tras el colapso del sistema financiero de Europa y Estados
Unidos que siguió a la quiebra de Lehman Brothers.
La fuerza del
crecimiento chino permitió ocultar la podredumbre del sistema financiero
que desde los años 80 ha construido un auténtico castillo de naipes.
Por eso que la implosión china es mucho más que una "corrección del
mercado": es una señal de que se ha llegado al punto límite. El modelo
de una economía basada en el crédito y la deuda, sin generación de
empleo en el sector real, se hizo insostenible.
La implosión de estas burbujas deja en evidencia la debilidad de la
economía mundial que se ha mantenido artificialmente a flote desde el
año 2008 por la manipulación de los bancos centrales, agentes
encubiertos del sistema financiero. Desde el estallido de la crisis en
septiembre de 2008 los bancos centrales han inyectado más de 40 billones
de dólares para revivir el sistema financiero que está sobreapalancado
en la fe ciega de que los brotes verdes y el crecimiento serían para
siempre.
Lejos de terminar o de disiparse, la crisis iniciada en 2008 se
encuentra más viva que nunca. Así y todo, nadie se atreve a hablar de
depresión, aunque lo que se vive es una depresión en toda la linea si
entendemos ésta como "un período de tiempo en que el nivel de vida de la
gente cae significativamente".
Y así como nadie estaba preparado para el colapso financiero de 2008 (ver La caída de un avión en llamas)
tras la quiebra de Lehman Brothers, nadie estaba preparado para el
colapso bursátil propagado por China como un reguero de pólvora. Los
efectos de este tsunami han comenzado a sufrirlo las bolsas mundiales de
manera inclemente acelerando el proceso deflacionario
que está hundiendo la economía de todo el mundo.
El FMI y el Banco
Mundial han rebajado nuevamente sus proyecciones de crecimiento. La
economía se debilita al son del estancamiento secular." (Marco Antonio Moreno , El blog salmón, 01/09/2015)
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