"(...) Pese a la magnitud de la crisis en España y al rescate bancario que se
protagonizó en 2012, hay un concepto financiero que ha recorrido toda
Europa y que apenas ha tenido eco en el país. Se trata de los swap,
seguros para cubrirse del riesgo en préstamos que tienen un alto grado
de sofisticación en algunos casos o cláusulas tramposas en otros y que a Madrid le están suponiendo un sobrecoste de 247 millones de euros.
En plena burbuja financiera, estos productos se vendían
como churros para asegurar la financiación de grandes proyectos. La obra
pública de ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas está
ligada a miles de estos contratos blindados por décadas.
El cambio de
timón en muchos de estos organismos puede suponer una oleada de pleitos
para intentar cancelar estos seguros que están suponiendo cargas
financieras inasumibles en las administraciones públicas. ¿Cómo es
posible que no hayan salido a la luz hasta ahora?
Una ola de indignación que recorrió Europa
Los swap
han sido uno de los principales quebraderos de cabeza para Francia,
Italia y Portugal durante la crisis. El escándalo en estos países ha
tenido repercusiones incluso mayores a las de las preferentes en España.
En Portugal el equipo económico del Gobierno llegó a dimitir en pleno
tras conocerse que se habían contratado productos para cubrir hasta
3.000 millones de euros de obra pública y que estaban produciendo
cuantiosas pérdidas.
La ciudad de Milán pilotó la cruzada en Italia
donde actualmente diez regiones mantienen litigios abiertos esperanzadas
por los éxitos recientes cosechados por algunos ayuntamientos. La
empresa de aguas municipal de Leipzig que logró tumbar la legalidad del swap de UBS es otro ejemplo.
Pero el país donde con mayor asombro se vivió el escándalo de los swap fue en Francia, después de que algunos pequeños ayuntamientos dieran la voz de alarma. Fue el caso de Saint-Etienne,
que descubrió que tenía algunos de estos productos ligados a su deuda
cuando Deutsche Bank le reclamó un importe de 1,18 millones de euros en
2010.
En ese momento vieron la toxicidad del producto que tenían
contratado y cuya cancelación les suponía 100 millones de euros. Lo que
en principio se contrató para resguardar el dinero público terminó
siendo una herencia inasumible para sus habitantes que, sin saberlo,
estaban jugando las arcas municipales a las variaciones entre el franco
suizo y el dólar hasta 2042.
La cascada de
informaciones sobre la extensión y gravedad de la colocación de estos
productos fue creciendo día a día. Le Monde y Libération se hicieron con
datos bancarios detallados de la situación de estos productos por toda
Francia.
Le Monde calculó que de los 72.000 millones de euros en
préstamos para obra pública que había vivos en el país, al menos 26.000
estaban ligados a alguno de estos productos. De estos, al menos 10.000
respondían a características más tóxicas, por la complejidad que
entrañaban los seguros y 6.000 se consideraban, directamente
"explosivos".
Libération realizó una exhaustiva radiografía
de la situación en todas las corporaciones públicas francesas que daba
buena cuenta de la extensión del fenómeno. Decenas de municipios y otros
organismos públicos se encontraban ahogados por productos financieros
que suponían un sobrecoste equivalente al 20% de la operación.
Una de
las situaciones más dramáticas la vivió el Departamento del Ródano, con
casi medio millón de habitantes, al que le solicitaron 380 millones de
euros por anular los swap que contrató la región para construir varias instalaciones. (...)
El gusto de la banca francesa por estas operaciones de financiación ( Project Finance
en la jerga del sector) también explica la fuerte posición de Crèdit
Agricole y Société Générale en este tipo de seguros. Los tres bancos son
acreedores de la ciudad de Madrid, pero tampoco se puede despreciar el
uso que han hecho el resto de los grandes bancos, incluido Santander y
BBVA, de estos productos financieros fuera y dentro de España.
El caldo de cultivo, con pequeñas diferencias, es el mismo en toda
Europa. La burbuja financiera espoleó la obra pública y las entidades
autónomas buscaron alternativas de financiación para escapar al control
de los gobiernos centrales, que suelen establecer ciertos límites a la
capacidad de endeudamiento de estos entes. Metros, autopistas, museos,
estaciones, hospitales o polideportivos sucumbieron a la financiación
con estos bancos y al consiguiente swap.
Resultado de las demandas
La carga financiera de estos swap
se volvió inasumible para los ayuntamientos europeos ya entre 2009 y
2010. Fue entonces cuando se plantearon los litigios de las alcaldías
contra los bancos por estos contratos y pasado más de un lustro el
resultado es muy desigual.
En primer lugar, muchos de los juicios se
están celebrando aún este año o están pendientes de resolución. Una
buena parte de ellos se dirime en Londres ya que los ayuntamientos se
dejaron guiar por la banca y aceptaron que estos contratos se firmaran
bajo la ley británica. En algunos casos se han enzarzado en una maraña
infinita de recursos y apelaciones.
Las buenas
noticias proceden del lado de las victorias o los acuerdos
extrajudiciales. El más sonado es el de Milán, la metrópoli italiana -a
la que por tamaño es sencillo considerar un inversor institucional- que
consiguió que tras enzarzarse en el proceso judicial, los bancos
prefirieran llegar a un acuerdo en 2012 con la ciudad antes que seguir
pleiteando y aceptaron cancelar los swap que cubrían una deuda de 1.700 millones de euros.
Prato, la segunda ciudad en importancia de la Toscana italiana, ha sido
la primera en lugar un triunfo en los tribunales, pero lo hizo este
mismo verano y gracias a un error técnico en el contrato. Con todo, su
victoria anima a los otros diez juicios pendientes de regiones y
municipios en Italia.
La diminuta población de Saint-Cast-le-Guildo en Francia, también acaba de conseguir su victoria en los tribunales ante un swap
de Dexia colocado para construir un balneario. Esta misma semana, se ha
iniciado en Londres el juicio de la Sociedad Pública de Transportes de
Oporto contra Santander por un ruinoso swap.
Las motivaciones, los protagonistas y el resultado de los contratos
firmados por el Ayuntamiento de Madrid para financiar la M-30 son
prácticamente iguales a los que tuvieron todas estas corporaciones
europeas con sus contratos. A falta de conocer con detalle los términos
fijados en la decena de seguros de cobertura firmados por Madrid, parece
que la estructura a la que se sometió Madrid es algo más simple que la
que aceptaron otros ayuntamientos. (...)
Pero incluso si el tamaño y la cuantía financiada es abultada, como el
caso de Madrid, Milán, Ródano u Oporto, los tribunales han encontrado
muchos resquicios en la forma de redactar los contratos que han servido
como elemento para anularlos. Una de las cláusulas más conflictivas en
casi todos es la de cancelación, o bien por farragosa, o por poco clara
en los costes y el cálculo de la penalización. Prácticamente todos los
juicios que han dado la razón a los ayuntamientos han encontrado un
fallo en estas cláusulas. (...)
¿Por qué ahora?
El cambio de dirección en muchos
ayuntamientos ha destapado la caja de los truenos. La convulsión que se
vivió en Italia, Francia y Portugal llega ahora a España de la mano de
las nuevas corporaciones municipales que desempolvan contratos guardados
en cajones y se maravillan de lo que encuentran en su interior. Por
ahora, solo ayuntamientos de Lanzarote que habían cambiado de signo por
casos de corrupción habían puesto sobre el tapete estos contratos.
También ha entrado en juicios la Diputación de Álava. Pero los expertos
coinciden en que estos productos se endosaron sistemáticamente a los
municipios y que la situación de Madrid es solo la punta del iceberg de
lo que se destapará en los próximos meses, una vez que los nuevos
regidores hayan puesto orden en sus finanzas. (...)" (Belén Carreño
, eldiario.es, 18/10/2015)
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