"Como el rayo, el paro no cesa. Cuando el dato es bueno al parecer
debemos estar agradecidos. Cuando el dato es malo nos dicen que mejor
observemos las bondades de la tendencia. Se acabó el verano y el
desempleo ha vuelto a subir en todos los sectores, excepto la
construcción.
Al parecer, lo hemos cambiado todo para que todo siguiera
igual. Tanta reforma estructural y tanta cháchara competitiva para
acabar en el ladrillo, otra vez.
Hablar de recuperación cuando superamos el veinte por ciento de
población en paro y carecemos de expectativas a corto plazo para rebajar
ese dato parece un acto de cierta soberbia.
Presentar a España y su
economía como un enfermo terminal agonizante, hasta que aparecieron unos
médicos tan inteligentes como corajudos que la salvaron operándola a
corazón abierto, parece una crueldad innecesaria para con ese tercio de
la población española que se mueve entre la exclusión, la pobreza y la
precariedad.
Cojan el dato o cojan la tendencia. Da igual. La realidad se muestra
tozuda y se resiste a dejarse sumergir. La creación de empleo en España
no se corresponde con la que debería mostrar un país que efectivamente
se halle en el camino de una recuperación económica que permita
sustentar un crecimiento estable, equilibrado y sostenible.
Vamos por rachas, como los jugadores o los tahúres, depende del lado
que te haya tocado. Nos llevan a rastras unas rachas de bonanza que cada
vez duran menos y vuelven más débiles. Las políticas de austeridad han
completado su ciclo y nuestro crecimiento se muestra cada vez un poco
más frágil.
Durante esta legislatura hemos destruido más de
cuatrocientos mil puestos de trabajo a tiempo completo para generar
apenas trescientos mil a tiempo parcial. Se crea un empleo estable por
cada tres precarios. La mejora en las cifras se explica en buena parte
porque cada vez más gente opta por abandonar un mercado de trabajo que
lleva años expulsándolos, acreditando especial saña respecto a mujeres y
jóvenes.
Creamos empleo barato, degradable y precario para abastecer la
demanda de un mercado que sólo busca asegurar sus márgenes de beneficio
apurando la especulación y rebajando hasta el infinito el coste de
factores de producción como el trabajo. Se llama capitalismo depredador y
funciona así.
Hasta que volvamos a tener un gobierno que intervenga activamente en
la economía y en el mercado laboral, vuelva a situar el empleo en el
centro de las políticas sociales y convierta la creación de empleo de
calidad y la redistribución de la riqueza en el eje de su programa y su
acción, repartiremos cada mes un poco más de miseria." (Antón Losada
, eldiario.es, 03/11/2015)
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