11.11.15

La pujanza de los trabajadores pobres

"(...) el proceso de devaluación interna que vive nuestro país –en verdad, una devaluación estrictamente salarial como señala I. PÉREZ INFANTE– se articula principalmente a través de cambios profundos de las instituciones laborales y de su marco regulador. 

La ruptura laboral impulsada por el Gobierno del PP en 2012[1], unida a las diversas actuaciones adicionales puestas en marcha desde entonces con la misma orientación[2], suponen la quiebra del equilibrio entre las partes, trabajador y empresario, que históricamente ha caracterizado las relaciones entre ellos en las sociedades salariales. 

En concreto, se impone la utilización de la regulación laboral como instrumento al servicio de la competitividad, reforzando la posición del empleador al que se reconoce la capacidad para imponer de forma (cuasi) unilateral sus intereses a costa de las garantías de los trabajadores. (...)

En este contexto se ha producido un alarmante crecimiento de una figura patológica, más característica de los mercados laborales anglosajones: los trabajadores pobres (precariado), personas con una ocupación profesional que no les reporta recursos suficientes para satisfacer sus necesidades básicas y las de sus familiares dependientes. 

Antes de ilustrar este fenómeno de pobreza laboral con algunos datos, interesa subrayar que el agravamiento del número de trabajadores pobres no es tanto (sólo) una consecuencia de la crisis económica, sino que en buena medida son el resultado de los cambios normativos descritos, de ahí su trascendencia (G. STANDING).

Lo más llamativo es que, conforme a la Encuesta de Condiciones de Vida 2014 del INE, el riesgo de pobreza entre la población ocupada ha experimentado un fuerte incremento en el último ejercicio –los ingresos corresponden a 2013–, situándose en el 14,2% frente al 11,6% del año anterior.

 Ello supone que la pobreza laboral afecta a casi 2,5 millones de personas dentro del segmento de la población ocupada. Entre los factores que explican una cifra tan alta, y preocupante, deben destacarse los siguientes (vid. CC.OO. “Desigualdad, pobreza y salarios”, EnClave de Economía, nº 2, 2015). 

Primero, el trabajo a tiempo parcial ‘desregulado’, una de las grandes apuestas del Gobierno del PP en materia de empleo, se ha convertido en el principal factor de pobreza laboral; no es de extrañar cuando se repara en que el 65% de los contratos con este tipo de jornada son involuntarios. 

Segundo, la temporalidad, convertida en una de las principales anomalías de nuestro mercado de trabajo, trae consigo una exposición al riesgo de pobreza que triplica la de los trabajadores a tiempo completo (EU-SILC 2013). 

Tercero, también son muy vulnerables los trabajadores por cuenta propia, esos falsos emprendedores a los que se quiere alejar de las garantías laborales. Y, cuarto, como factor transversal, debe tenerse muy presente que esa pobreza laboral (profesional) tiene rostro femenino, una manifestación más de la discriminación que sufren las mujeres también en el mercado laboral.  (...)

La constatación del fracaso de la política de empleo desarrollada por el gobierno del PP desde 2012, y un diagnóstico acertado sobre los principales problemas estructurales de nuestro mercado de trabajo (‘impunidad’ ante la contratación fraudulenta y facilidad para el despido), constituyen el necesario punto de partida para el planteamiento de soluciones. 

Es importante advertir del riesgo de propuestas rupturistas como el ‘contrato único’, una imaginativa solución llena de inconvenientes (GONZÁLEZ/DEL POZO) y cuya principal debilidad es que no contiene ningún elemento que garantice –ni siquiera favorezca– una rectificación del comportamiento patológico de muchas empresas en la contratación (temporal) y en la extinción de la relación laboral (vía despido).  (...)"         (Borja Suárez Corujo, Economistas frente a la crisis, 01/11/15)

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