"La dramática serie de atentados de París tiene lugar en
la fase de los Imperios Combatientes. El concepto designa lo que ha
venido después de la guerra fría, aquél conflicto Este-Oeste que
creíamos lo peor posible. Su eje central es la tensión entre la tríada
occidental, que incluye a Japón además de los Estados Unidos y la UE, y
los llamados BRICs, las potencias emergentes.
Esto de ahora es
peor porque es mayor. No implica solo a dos imperios del Norte, con sus
respectivos vasallos del Sur como comparsas, sino que afecta a más
centros y geográficamente más dispersos. También es mayor el número de
esos centros en posesión de armas de destrucción masiva.
Ya no son solo
aquellos dos viejos conocidos con uno de ellos, Estados Unidos,
inventando nuevas tecnologías militares (el submarino y la aviación
estratégicos, los misiles intercontinentales y sus sucesivos desarrollos
con múltiples cabezas, los misiles nucleares tácticos de crucero, la
militarización del espacio) y el otro, la URSS, poniéndose al día
siempre por detrás y con la lengua afuera a costa de la penuria de su
población. Ahora la dialéctica deviene multiplicación. Es peor, también
porque el cambio de la fase bipolar a la actual multipolar facilita
disparates.
Los catorce años de la llamada “guerra contra el terror” han sido un enorme desastre. (...)
El Estado Islámico nace de diversas fuentes, pero su partida de
nacimiento es incomprensible sin atender al hecho central: que Estados
enteros como, Afganistán, Iraq, Libia y Siria, han sido disueltos y que
todos ellos están situados en, o alrededor de, la primera zona
energética del mundo en una época en la que el carácter limitado de esos
recursos convierte la disputa por ellos en asunto particularmente
crucial de la disputa entre imperios.
La aparición de China como
potencia emergente aspirante a gran potencia, la recuperación de un
orden elemental en Rusia y la afirmación de nuevos sujetos imposibles de
ignorar, en Asia (India), África (Sudáfrica) y América Latina (Brasil),
ha cambiado esa disputa. Eso no es todo, pero si es la esencia de esta
fase de los Imperios Combatientes.
Los términos y polos de esa disputa
por recursos han cambiado y de momento se está dando lugar a una
situación en la que la afirmación del caos, el Imperio del Caos, es el
principal dato. Europa, con Francia en el centro, debería evitar
implicarse en esto pero la política de la OTAN-UE, heredera inercial de
la fase anterior, le arrastra a ello. (...)
Washington, que ha contribuido sobremanera a fomentar una guerra de
religión en el mundo musulmán y ha fortalecido a Irán sin quererlo, ha
completado el desastre con una nueva aventura en Siria. Con el apoyo y
el dinero de los amigos del Golfo, que son versiones monárquicas
parecidas al régimen que propicia el Estado Islámico con sus propias
agendas y objetivos regionales, se fomentó la caída del régimen de
Damasco, como se había hecho antes con Sadam Hussein en Iraq y con el
Coronel Gadafi en Libia.
En este caso se trataba de restar otro régimen
laico hostil en la región, debilitar a Irán, su aliado, y también a
China de la que ese país es gran suministrador energético. Al mismo
tiempo, después de ampliar la OTAN en Europa del Este, en violación del
acuerdo de París de noviembre de 1990, se continuaba metiéndole el dedo
en el ojo al oso ruso en el Báltico, en el Cáucaso y en Ucrania, lo que
acabó con un zarpazo. La primera respuesta militar a un avance
occidental en Europa.
Lo mismo ha ocurrido en Siria, con la
participación militar rusa. Y algo muy semejante a un cerco militar está
ocurriendo alrededor de China. En el mundo ya hay tres focos de tensión
y contacto militar directo entre EE.UU, Rusia y China: Ucrania, Siria y
el Mar de China. Por todas partes el Imperio del Caos prefiere optar
por la presión militar hegemónica en lugar de reconocer la nueva lógica
multipolar y abrirse a un juego diplomático multilateral. (...)" (Rafael Poch , La Vanguardia, Rebelión, 19/11/15)
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