"(...) Se ha publicado recientemente un estudio sobre desigualdad en las grandes capitales europeas
que pone de manifiesto, a pesar de la mala calidad de las estadísticas,
la creciente desigualdad y riesgo de fractura social que sufre la
capital de España.
Las principales consecuencias son muy claras: Madrid
lidera la desigualdad entre las principales capitales europeas, con
todas las salvedades estadísticas, y lo hace no por efecto de la crisis,
sino que es un proceso largo, que se inicia en 2001, lo que invalida la
tesis de Marhuenda y otros estudiosos como él.
El mapa de la capital, pero también el de la corona metropolitana, es
siniestro y muy triste. Si trazamos el mapa del desempleo, nos
encontramos con los dos extremos: Distrito de Chamartín con un 15,8, el distrito menos castigado por el paro, frente a Puente de Vallecas con un 28,8%.
Esta dispersión, impropia de un país desarrollado y más propia de
países en desarrollo, revela que las políticas públicas en los últimos
años, mayoritariamente las llevadas a cabo por el PP de la ciudad, han
provocado que existan claramente dos y tres tipos de sociedades que
habitan en una distancia de menos de 10 kilómetros.
La media de
desempleo en los distritos del Norte de Madrid, no rebasa el 17%,
mientras que en el Sur no baja del 23%, lo que da idea de qué tipo de
sociedad hemos logrado construir entre todos en la capital del Reino.
Como contrapunto a Madrid, Ámsterdam es un ejemplo donde la segregación
entre ricos y pobres ha mejorado desde 2001. Allí se han promovido las
políticas sociales, especialmente la de vivienda, que ha
permitido que representantes de todo tipo de clases sociales cohabiten
en los mismos barrios y no se estigmatice a las familias según su
estrato social, como ha hecho deliberadamente el PP en Madrid.
Como muestra el estudio, la principal carencia que permite esponjar la
ciudad y reducir la desigualdad es la vivienda, fundamentalmente la
social. En Madrid, se ha abandonado la política social de vivienda
durante los últimos 20 años, bajo la excusa de que el terreno es muy
caro y al ser una ciudad consolidada, no se podía llevar a cabo una
política de inclusión social como la que han acometido gran parte de las
capitales europeas.
La concentración y centralismo de la política de Gallardón
dejó a los distritos sin ninguna herramienta de lucha contra la
exclusión social. Así, barrios enteros son meros dormitorios,
abandonados por el Centro y el Norte de la ciudad, donde se cronifica la
pobreza y la desigualdad económica.
Las cifras que da el estudio sobre
la ubicación de directivos y profesionales y desempleados, complementa
muy bien el Madrid de Dickens que se han encargado de
crear, eso sí, con un desgaste de votos ínfimo, a pesar de esta política
deliberada, al más puro estilo de la Inglaterra del siglo XIX.
Ha sido, por tanto, la política de vivienda y el boom inmobiliario lo
que ha ido estratificando a la población en su segmento, mandándoles el
mensaje que van a ser pobres siempre, ya que no hay visos de que el
ascensor social pueda funcionar en Madrid. La diáspora de gran parte de
la población joven fuera de la ciudad, además, ha perpetuado otro
fenómeno adicional, y es el envejecimiento crónico de gran parte de la
urbe.
Esto, que es realmente preocupante, ha creado, a su vez, otro
problema interclasista. Y es la llamada pobreza vergonzante, que, por
ejemplo, habita en distritos aparentemente ricos, como el de Salamanca o
Chamartín. Son mayores, que tras enviudar por ejemplo, carecen de liquidez para encender la calefacción o comer tres veces al día, y que no recurren a los servicios sociales por vergüenza.
En suma, Madrid va camino de parecerse cada día más, y no solo en el
aspecto visual, a la Inglaterra de Dickens. Frente al lujo de Cibeles y
el barrio de Salamanca, están los barrios del Sur, abandonados a su
suerte y que su esperanza de vida se ve reducida en más de 7 años
respecto a los distritos del Norte. (...)" (Alejandro Inurrieta, 18/10/2015)
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