"(...) Lo que está pasando en el vecino Portugal es todo menos normalidad. Un
presidente de la república que impone un gobierno sabiendo que pronto
caerá (como así ha sido) y que lanza una filípica contra la catástrofe
geopolítica y hasta cósmica de un gobierno de izquierdas.
Un Partido
Socialista que, contra todo pronóstico, abre un proceso de negociación
con el Bloque de Izquierdas y, sorpresa mayor, con el Partido Comunista. (...)
Se trata, a mi juicio, de un segundo ensayo. Primero ha sido Grecia y ahora viene Portugal.
¿En qué sentido un segundo ensayo? Que se puedan hacer políticas de
izquierdas sin romper con la lógica, no solo de la Troika sino del
Tratado de Lisboa y, sobre todo, del Pacto de Estabilidad y Gobernanza,
sabiendo que se está aplicando un memorándum firmado por la derecha y
que es obligado renegociarlo, de una u otra forma, con las instituciones
de la Unión.
Es de imaginar que la izquierda lusa ha analizado a fondo
la experiencia griega y que está preparada para hacer frente al envite.
No será fácil, creo. (...)
Aun así, habría que preguntarse, dadas las condiciones de franca y
abierta anormalidad, por qué se llega a un acuerdo de este calibre,
inédito en Europa, al menos, desde el programa común francés del 1982.
Creo, en primer lugar, que una propuesta así formulada se debe a lanecesidad de responder a las demandas de liberarse de las políticas de austeridad
que siente una gran parte de la población portuguesa.
Las cifras son
conocidas y podemos decir sin equivocarnos, que después de Grecia ha
sido Portugal la que más ha sufrido las consecuencias económicas y
sociales de las políticas de ajuste neoliberal; con una cuestión no
menor, que a pesar de todo, la derecha ha salido vencedora de estas
elecciones.
Lo del Partido Socialista, en segundo lugar, tiene, a
mi juicio, una explicación más compleja. Incrementa votos y diputados,
pero lejos, muy lejos, de sus previsiones, mientras mantiene a su
anterior secretario general y jefe de gobierno en la cárcel por corrupción.
De no hacer un acuerdo con la izquierda, el Partido Socialista estaba
abocado, creo, a una nueva crisis interna y a un congreso
extraordinario. ¿Una fuga hacia delante?
¿Hacer del vicio virtud? Pronto
lo sabremos. Sigue sin haber un programa común acordado por las tres
grandes fuerzas, a las que habría que añadir el Partido Ecologista. La
documentación conocida hasta ahora ha sido tres pliegos de
reivindicaciones, más o menos desarrolladas, firmadas, por separado, por
cada una de estas fuerzas con el Partido Socialista.
Tampoco sabemos si
habrá o no gobierno de coalición o gobierno de programa apoyado
parlamentariamente. Llamar a la prudencia y al rigor resulta en este
momento, obligado. Una cosa queda, sin embargo, clara y diáfana: el
respeto del gobierno portugués entrante a los Tratados de la Unión y al
marco geopolítico definido por la OTAN.
La presencia, en tercer lugar, del Partido Comunista Portugués en este acuerdo es muy relevante.
Si algo caracteriza a este Partido es su coherencia política y
programática y su animadversión a los giros radicales y a las políticas
improvisadas. Se ha dicho que la presencia del PCP en este acuerdo tiene
que ver con la competencia que le hace por la izquierda el Bloque.
No
creo que esto sea lo fundamental aunque, sin duda, influye, entre otras
cosas, porque no es la primera vez que el Bloque tiene más diputados y
más votos que el PCP. A mi juicio, el giro radical del PCP está
relacionado, por un lado, con sus propios resultados electorales, en un
sentido muy preciso: después de años de oposición, de luchas y
movilizaciones los comunistas portugueses repiten resultado y sacan un
diputado más.
El PCP resiste pero es incapaz por sí mismo de cambiar el
tablero político; para decirlo de otra manera, en las condiciones
portuguesas, no bastaría ya solo con resistir, haría falta algo más,
hacer política, intervenir, forjar alianzas y salir del aislamiento.
De
otro lado, se va a un acuerdo con un Partido Socialista debilitado y con
problemas internos graves, a lo que habría que añadir las aspiraciones
de una gran parte de la población a salir del infierno de la Troika y
mejorar sus condiciones de vida y de trabajo aunque esto no suponga
cambios radicales.
En cuarto lugar, la posición del Bloque de Izquierdas es diferenciada y más clara estratégicamente.
El Bloque ha ido definiendo un espacio político más allá de la pinza
objetiva que significa competir con un fuerte PS y un fuerte PCP. Ha
intentado construir una izquierda alternativa muy ligada a las
tradiciones socialistas del movimiento obrero con una apertura
sustancial a lo nuevo, es decir, al ecologismo político y al feminismo,
creando un marco político propio y autónomo.
El Bloque ha defendido en
la campaña una propuesta nítida a favor de la convergencia de las
izquierdas en torno a un programa anti austeridad y se ha preparado para
ello programática y políticamente. No necesita cambiar ni girar
sustancialmente de la política que, con mayor o menor peso electoral, ha
venido defendiendo en los últimos años. (...)
Se podría formular de la siguiente manera: existe el convencimiento
de que la Europa del euro impide hacer políticas económicas y sociales
de izquierdas; a su vez, para una parte muy importante de la población,
la salida del euro y, eventualmente, de la Unión Europea no está en el
horizonte de lo posible y de los deseable. Esta es la tensión que
intentó superar Txipras, con el resultado que ya conocemos.
Parecería
que entre las fuerzas firmantes del acuerdo se vive una contradicción
ahora sutil, pero que puede acentuarse mucho en un próximo futuro, a
saber, entre aquellos que al final, previa negociación a cara de perro,
se acomodarían a los límites impuestos por la Troika y aquellos otros
que intentarían, de una u otra forma, ir más allá, radicalizando el
proceso, combinando negociación y lucha social, desde una crítica de
masas a las políticas que pretenden imponer los poderes europeos.
Veremos.
Portugal va a ser, está siendo ya, el segundo ensayo. Hay
que seguir discutiendo y, sobre todo, haciendo. Portugal no debe de
estar como Grecia, sola. ¿Sería tan difícil que las izquierdas del Sur de Europa creáramos un foro de debate, de discusión, de información y acción?
¿Seremos
capaces de construir un internacionalismo más allá de la retórica que,
al menos, nos permita aprender juntos y, en la medida de lo posible,
conseguir una unidad de acción en lo concreto? Una cosa sí parece clara:
la Europa alemana del euro es un problema real que no se puede eludir." (Manolo Monereo , Cuarto Poder, en Rebelión, 14/11/15)
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