Asier Azkarraga y Ricardo Navia, en un piso ocupado en Barakaldo. / DANILO ALBIN
"Barakaldo, tres de la tarde. Ricardo Navia está en el sofá,
mirando el telediario. Hasta ahí, nada fuera de lo normal. Sin embargo,
de un momento a otro la Ertzaintza podría derribar la puerta y echarle
de esta casa.
No sólo él, sino también a sus cuatro hijos, a su mujer y a
otras dos personas –todas ellas desempleadas y en riesgo de exclusión
social- que desde el pasado 21 de septiembre ocupan este antiguo piso de
acogida de menores, vacío –y perfectamente amueblado- desde marzo de
2014.
El ayuntamiento baracaldés, actual titular de la vivienda, asegura
que tiene previsto instalar allí a refugiados sirios, pero de momento
sólo hay un decreto de expulsión contra sus actuales moradores.
“Antes era autónomo. Montaba mamparas de oficina, techos… Cuando reventó todo, me quedé sin nada”, dice Richard. El pequeño televisor que está sobre la mesa es lo poco, quizás lo único, que le queda de su otra vida.
“Antes era autónomo. Montaba mamparas de oficina, techos… Cuando reventó todo, me quedé sin nada”, dice Richard. El pequeño televisor que está sobre la mesa es lo poco, quizás lo único, que le queda de su otra vida.
Ahora
sólo trabaja unas pocas horas al mes en el metro de Bilbao, como
auxiliar. “Me llaman cuando el Athletic juega en casa, dos veces al
mes”. Es algo, pero no da para mantener a una familia con cuatro niños
de entre 5 y 15 años. Mucho menos para pagar el alquiler del piso donde
vivían. Y como no pagaba, lo desahuciaron.
Asier Azkarraga también tiene un antes. Cuando las cosas iban
bien, era encofrador. Dejó de serlo en 2008. Él también es padre de
familia. Él tampoco tiene un trabajo que le permita, simplemente, vivir.
“¿Sabes lo que significa no tener nada, absolutamente nada, que
perder?”, se preguntaba ayer a la hora del telediario.
También se lo preguntó hace dos meses, cuando decidió acompañar a
Richard hasta el ex centro de acogida de menores de Barakaldo, antes
gestionado por la Diputación de Bizkaia, ahora en manos del
Ayuntamiento. La puerta estaba abierta. Entraron. Luego llegaron los
niños, la pareja de Richard y Sandra, una mujer que antes tenía casa y ahora no.
Tras conocer la ocupación de esta vivienda, el Ayuntamiento de Barakaldo –a cargo del PNV, que gobierna en coalición con el PSE– apresuró la firma de un decreto para desalojarles, al tiempo que lamentó esta práctica de “patada en la puerta”. Frente a esa situación, los ocupantes han recibido incesantes muestras de solidaridad por parte de la plataforma contra la exclusión social Berri Otxoak, que rápidamente emprendió una serie de movilizaciones para tratar de impedir que estas familias se queden en la calle.
Tras conocer la ocupación de esta vivienda, el Ayuntamiento de Barakaldo –a cargo del PNV, que gobierna en coalición con el PSE– apresuró la firma de un decreto para desalojarles, al tiempo que lamentó esta práctica de “patada en la puerta”. Frente a esa situación, los ocupantes han recibido incesantes muestras de solidaridad por parte de la plataforma contra la exclusión social Berri Otxoak, que rápidamente emprendió una serie de movilizaciones para tratar de impedir que estas familias se queden en la calle.
“Sabemos que aquí estamos de paso. Lo que queremos es
una solución”, dice Richard. Este ex trabajador autónomo no oculta una
de sus peores pesadillas: perder a sus hijos por no tener un lugar digno
donde vivir. “Estoy luchando para que eso no suceda”, apunta.
Precisamente, ahí podría estar la clave para no perderlo todo.
“El
Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ya estableció en anteriores
resoluciones que no se puede dejar a nadie en la calle, y mucho menos
si, como ocurre en este caso, hay menores de edad”, explica a Público el abogado de estas familias, Iñaki Carro.
El pasado lunes, este letrado llevó el caso a los
juzgados de Bilbao. “Hemos solicitado que se suspenda la orden de
desalojo. Si nuestra demanda no es admitida por los tribunales de aquí,
recurriremos a Estrasburgo”, señala Carro. (...)
Ese camino a Europa ya fue recorrido en anteriores ocasiones por la
Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Uno de los casos más
sonados se produjo en 2013, cuando consiguió paralizar el desahucio de
un bloque de viviendas en Salt (Girona), donde vivían más de cuarenta
personas. Entre ellas había unos 20 niños.
Sentado en la sala del piso ocupado de Barakaldo, Richard aún quiere creer que la justicia estará de su lado. “Somos familias comunes y corrientes que atraviesan una situación muy complicada”, subraya. En unas horas los niños llegarán a casa. Si hay cena, será gracias a la solidaridad de colectivos sociales y vecinales. Esta noche tendrán cama donde dormir. Mañana nadie lo sabe." (Público, 10/11/15)
Sentado en la sala del piso ocupado de Barakaldo, Richard aún quiere creer que la justicia estará de su lado. “Somos familias comunes y corrientes que atraviesan una situación muy complicada”, subraya. En unas horas los niños llegarán a casa. Si hay cena, será gracias a la solidaridad de colectivos sociales y vecinales. Esta noche tendrán cama donde dormir. Mañana nadie lo sabe." (Público, 10/11/15)

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